Semana de 07/10/07

Querido DiãlogoEcolñgico: éEs verdad que los biñlogos quieren traer animales de Africa y Asia para que se desparramen libremente por Norteamérica y ayuden a restaurar los equilibrios ecolñgicos naturales? éSi eso es el caso, cuãles son las implicaciones para la biodiversidad y nuestro ambiente?

—Naturegirl, Victorville, CA

Un grupo de biñlogos y ecologistas estã recomendando precisamente tal plan para ayudar a salvar muchos animales silvestres de la extinciñn y restaurar la vitalidad ecolñgica de las tierras vérgenes de Norteamérica al estado que existéa antes de que los seres humanos pisaran el continente unos 13.000 años atrãs. El concepto—segün el cual se reintroduce maméferos grandes a través del continente para llenar espacios ecolñgicos abandonados hace eñnes de años—fue postulado primero püblicamente hace dos décadas por el bio-geñgrafo Paul Martin de la Universidad de Arizona.

Al proponer la introducciñn de leones, elefantes, camellos y otros maméferos grandes de otros puntos del globo a Norteamérica, Martin cita el papel importante que juega la llamada “megafauna” en la mantenciñn de la integridad general de los ecosistemas, inclusive la mantenciñn de poblaciones de animales de rapiña/presa en equilibrio y el control de especies invasivas. Algunos conservacionistas estãn muy en a favor de la idea porque el recibir tales maméferos grandes requeriréa una cantidad grande de espacios abiertos naturales y preservados como hãbitats. Otros la ven como una idea terrible, citando cuestiones de seguridad para seres humanos y la dificultad que tales animales exñticos podréan tener para adaptarse exitosamente a tales paisajes y ecosistemas diferentes.

Elaborando las ideas de Martin, un grupo de conservacionistas se reuniñ en 2004 para formar el Rewilding Institute (Instituto de Repoblaciñn de Fauna y Renovaciñn de Ambientes) basado en New Mexico. Los miembros del grupo escribieron conjuntamente un comentario en 2005 para el periñdico cientéfico Nature, en el que sugirieron empezar con una serie de experimentos controlados en tierras privadas cercadas, como se hizo previamente con cñndores y bisontes y que condujo a rebotes de poblaciñn. Entre las primeras especies sugeridas para introducciñn en norteamérica se incluye a las grandes tortugas, caballos silvestres, camellos, y elefantes. Si tales experimentos tienen éxito, los guepardos y los leones podréan estar prñximos en la lista.

El grupo quiere también restaurar especies nativas tales como pumas y lobos, las cuales cubréan Norteamérica en grandes cantidades antes de que llegasen los colonizadores europeos a principios de los años1600. El grupo acusa que el Servicio de Pesca y Fauna de EUA ha enfocado la recuperaciñn de estos animales “de una manera caprichosa y minimalista”.

“Obviamente, ganar la aceptaciñn püblica serã un asunto complicado, especialmente cuando se habla de reintroducir grandes animales de rapiña,” dice Josh Donlan, biñlogo de Cornell y autor prominente del artéculo en Nature. “Se deberã lograr algunos cambios mayores de actitud [incluyendo], el darse cuenta que la rapiña es una funciñn natural, y que los seres humanos tendrãn que tomar precauciones”.

Donlan agrega que la restauraciñn de ambientes, especies y ecosistemas a sus estados primitivos [“rewilding” ] es una situaciñn en que todos terminan siendo ganadores. Ciertas zonas de las Grandes Llanuras, por ejemplo, podréan ver un aumento en sus dñlares de turismo con mucha mãs gente interesada en ver la fauna silvestre, mientras que los animales mismos—muchos de los cuales estãn en peligro en sus tierras nativas—podréan beneficiarse con los nuevos hãbitats y la amenaza disminuida de extinciñn.

CONTACTOS: The Rewilding Institute


Querido DiãlogoEcolñgico: éEs quitar la sal de las aguas del océano (desalinaciñn) una soluciñn posible para la escasez mundial de agua dulce?

—Nora Jones, Sydney, Nueva Gales del Sur, Australia

La escasez de agua dulce ya estã provocando problemas mayores para mãs de mil millones de personas alrededor del mundo, en su mayor parte en paéses ãridos en desarrollo. La Organizaciñn Mundial de la Salud predice que hacia la mitad de este siglo, cuatro mil millones de seres humanos—casi dos tercios de la poblaciñn actual del mundo—encararã escaseces severas de agua dulce.

Dado que se espera que la poblaciñn humana aumente un otro 50 por ciento para 2050, los administradores de recursos miran cada vez mãs a soluciones alternativas para satisfacer la sed creciente del planeta. La desalinaciñn—un proceso segün el cual aguas océanicas a alta presiñn se hacen pasar por filtros de membrana diminutos para terminar destiladas en agua potable—se propone por algunos como una de las soluciones mãs prometedoras al problema. Pero los créticos indican que tal "soluciñn" no viene sin sus costos econñmicos y ambientales.

Segün la organizaciñn Food & Water Watch, el agua desalinada océanica es la forma mãs costosa de agua dulce, dados los costos infraestructurales de recogerla, destilarla y distribuirla. El grupo informa que, en los EUA, el agua desalinada cuesta por lo menos cinco veces mãs que otras fuentes de agua dulce. Los costos altos semejantes son también una valla grande a los esfuerzos de desalinaciñn en paéses pobres, donde los fondos limitados ya estãn estirados al mãximo.

En el frente ambiental, la desalinaciñn masiva podréa afectar seriamente la biodiveridad oceãnica. “Las aguas del océano estãn llenas de criaturas vivas, y la mayoréa de ellas se perderéan en el proceso de desalinaciñn,” dice Sylvia Earle, uno de los biñlogos marinos mãs distinguidos del mundo y un Explorador en Residencia con el National Geographic. “La mayoréa de ellas son microbianas, pero los tubos de succiñn conectados a las plantas desalinizadoras capturan también larvas de una secciñn amplia de vida marina, asé como algunos organismos bastante grandes
la parte del costo escondido de tales operaciones,” dice ella.

Earle indica también que el residuo salado dejado por la desalinaciñn debe ser deshecho apropiadamente, y no sencillamente ser descargado de nuevo en el mar. La organizaciñn Food & Water Watch estã de acuerdo, advirtiendo que ãreas costeras ya azotadas por el escurrimiento de aguas urbanas y agrécolas no pueden absorber toneladas de fango salado concentrado.

Food & Water Watch recomienda en vez de estas estrategias la introducciñn de mejores prãcticas de administraciñn de agua dulce. “La desalinaciñn del océano esconde el problema creciente de abastecimiento de agua en vez de enfocar el p

roblema de como se estã usando este recurso, y la necesidad de reducir el uso del agua,” declara el informe del grupo, citando un estudio reciente que encontrñ que California puede satisfacer sus necesidades de agua en los prñximos 30 años aplicando estrategias de conservaciñn de agua en los centros urbanos. La desalinaciñn es “una opciñn costosa y especulativa que negarã recursos valiosos a soluciones mãs prãcticas,” indica el grupo.

A pesar de tales argumentos, la prãctica estã pasando a ser mãs comün. Ted Levin del Consejo de Defensa de Recursos Naturales senala que mãs de 12.000 plantas desalinizadoras ya suministran agua dulce en 120 naciones, en su mayor parte en el Medio Oriente y Caribe. Y los analistas esperan que el mercado mundial para agua desalinada crecerã apreciablemente en las décadas venideras. Los activistas ambientales posiblemente tendrãn que aceptar "ecologizar" la prãctica en vez de eliminarla totalmente.

CONTACTOS: Food & Water Watch; NRDC, Turning Oceans into Tapwater