Semana de 22/02/09

Querido DiãlogoEcolñgico: éQué estã sucediendo con las poblaciones salvajes de guepardos, los animales terrestres mãs rãpidos del planeta?

—Eduardo Ramérez, Braintree, MA

Debido a su situaciñn apremiante en las ültimas décadas, el guepardo, que puede alcanzar velocidades de 70 kilñmetros por hora, estã considerado como una de las especies mãs en peligro en todo el mundo por la Convenciñn del Comercio Internacional de Especies en Peligro (CITES).

Cien años atrãs unos 100.000 guepardos salvajes habitaban 44 o mãs paéses de éfrica y Asia. Segün el Cheetah Conservation Fund (CCF) [Fondo de Conservaciñn del Guepardo], una organizaciñn no lucrativa basada en Namibia, la especie ahora existe solamente en dos docenas de éstos paéses—incluyendo ãreas del éfrica del Norte, del Sahel, del éfrica del Este y meridional—con poblaciones mundiales entre 12.000 y 15.000 individuos viviendo en pequeños grupos. Ademãs, cerca de 150-200 de estos gatos veloces viven en Irãn (donde los conocen como el guepardo asiãtico), donde sus antepasados llegaron de Africa a principios del siglo 20.

Las principales amenazas para la existencia del guepardo son la pérdida de habitat, la caza ilegal y legal (su piel y trofeos pueden comandar grandes sumas), y siendo baleados por los ganaderos. La declinaciñn de gacelas, wildebeests, impalas y otras especies de presa preferidas (también debido a la caza y a la pérdida de habitat) constituyen un factor, también.

Un guepardo madre y su cachorro en el Parque de Masai Mara en Kenia.
© Getty Images

Segün el CCF, a través de toda el éfrica los guepardos estãn disminuyendo también dentro de las reservas de fauna protegidas debido a la competiciñn creciente de otros depredadores mãs grandes como leones y hienas. En consecuencia, la mayoréa de las ãreas protegidas no pueden mantener poblaciones viables de guepardos, de modo que gatos individuales tienden a dispersarse fuera del precinto, mãs allã de las reservas de fauna, poniéndolas en mayor peligro de conflicto con seres humanos. Los guepardos que sobreviven en su hãbitat natural provienen de un acervo genético mucho mãs pequeño, menos diverso, dejãndolos susceptibles a la enfermedad y a la depredaciñn por ese criterio. Ademãs, la reproducciñn de estos animales en cautiverio ha probado ser difécil, y zoñlogos no tienen muchas esperanzas de que tales esfuerzos pueden tener un impacto positivo mensurable en el futuro del guepardo.

Los guepardos tienen cuerpos magros, piernas largas, corazñn grande y pulmones expansivos. Y con estas caracterésticas viene la velocidad adicional; quizãs esta es la razñn por la cual el guepardo se refiere a menudo como el "galgo" de los gatos. De hecho, algunos dicen que el guepardo parece ser un "perro con cabeza de un gato." Pero con quijadas mãs débiles y dientes mãs pequeños que otros depredadores grandes, los guepardos tienen dificultad en proteger sus matanzas, aün menos sus propios cachorros. Esto ha significado que la poblaciñn de guepardos salvajes estã cayendo mãs rãpidamente que la de otros gatos grandes.

El futuro del guepardo parece ser bastante incierto, pero los conservacionistas han estado trabajando para demorar su declinaciñn en algunas ãreas. Por ejemplo, el CCF comenzñ a educar a ganaderos alrededor de Namibia a principios de los años 90 sobre cñmo evitar que los guepardos mataran su ganado sin tener que recurrir al rifle. Como resultado de estos esfuerzos de educaciñn, junto con una aplicaciñn mãs vigorosa de la legislaciñn que protege a las especies en peligro y de leyes contra la caza ilécita, las poblaciones de guepardo en ese paés se estabilizaron—ahora existen unos 2.500-3.000 guepardos dentro de Namibia—después de caer a la mitad de esa cifra la década anterior. Mãs esfuerzos de este tipo son claramente necesarios.

CONTACTOS: Cheetah Conservation Fund; Convention of International Trade in Endangered Species (CITES).


Querido DiãlogoEcolñgico: No es cierto que todas estas tormentas enormes de nieve y hielo a través del paés significan que el globo no se estã calentando realmente? Nunca he visto tal invierno!

—Mark Franklin, Helena, MT

Eventos climáticos extremos­de tempestades de nieve a huracanes y sequías­son efectos secundarios probables de un clima en transición, pero la mayoría de los científicos mantienen que las variaciones de tiempo de año a año no pueden conectarse al enfriamento o calentamiento del planeta.
© Getty Images

A primera vista puede parecer ciertamente que eso es asé. Pero solo porque algunos de nosotros estemos sufriendo con un invierno particularmente fréo y nevoso no refuta el hecho de que el globo se estã calentando a medida que continuamos inyectando diñxido de carbono y otros gases de efecto invernadero en la atmñsfera.

Segün la Direcciñn Nacional Aeronãutica y Espacial (NASA), los 10 años mãs calientes en la historia han ocurrido desde 1997. Y la Administraciñn Atmosférica y Oceanogrãfica Nacional (NOAA) informa que las ültimas décadas han sido las mãs calientes desde por lo menos el año 1000 de la era Cristiana, y que el calentamiento que hemos visto desde el siglo diecinueve es sin precedentes durante los 1.000 años pasados.

"No se puede decir mucho sobre el clima o donde se dirige examinando solamente un déa particularmente frégido, o una estaciñn, o un año, incluso," escribe Eoin O’ Carroll del Christian Science Monitor. "La historia real se ve en las tendencias a largo plazo," concurre el Dr. Gavin Schmidt, climatologista con el Instituto Goddard de la NASA para estudios del espacio.

La mayoréa de los cientéficos convienen que necesitamos distinguir entre el tiempo y el clima. El NOAA define el clima como el promedio del tiempo por lo menos por un peréodo de 30 años. DE modo que aberraciones periodicas—como las tormentas invernales cruentas que devastan el sureste y otras partes del paés este invierno—no invalidan la ciencia del calentamiento del planeta a causa de la actividad humana.

La otra cara de la pregunta, por supuesto, es si el calentamiento del planeta es por lo menos en parte culpable por el tiempo invernal notablemente severo que hemos visto. Como precisamos en una columna reciente de DiãlogoEcolñgico, las temperaturas mãs calientes en el invierno de 2006 impidieron que el lago Erie se congelase por primera vez en su historia. Esto condujo realmente a nevadas crecientes porque mãs agua de evaporaciñn del lago se ebcontrñ disponible para la precipitaciñn.

Pero aunque los eventos mãs extremos de tiempo de todo tipo—de nevazones a huracanes a sequéas—-son probablemente efectos secundarios de un clima en transiciñn, la mayoréa de los cientéficos mantienen que ninguna variaciñn de año tras año en el tiempo se puede ligar directamente a un clima que se estã calentando o enfriando.

Incluso la mayoréa de los escépticos del calentamiento del planeta estãn de acuerdo que un peréodo breve de fréo intenso,

o una tormenta monstruo no tiene ninguna relevancia en el debate de si el problema del clima es verdadero. Un escéptico de este tipo, Jimmy Hogan del sitio web Rational Environmentalist escribe, "si estamos rechazando la prueba anecdñtica que refuta el calentamiento del planeta, debemos al mismo tiempo botar la prueba anecdñtica que la apoya." Hogan cita grupos ambientalistas que avanzan al huracãn Katrina como prueba del calentamiento del planeta como ejemplo de esta ültima posiciñn.

En todo caso, todos debemos tener presente que cada vez que subimos el termñstato este invierno para combatir el fréo, estamos contribuyendo al calentamiento del planeta al consumir mãs energéa de combustible fñsil. Hasta que podamos cambiar nuestra economéa a fuentes de energéa mãs verdes, el calentamiento del planeta serã un problema, sin que importe cuãn caliente o fréo esté afuera.

CONTACTOS: NASA; NOAA.