Semana del 11/4/10

Querido DiãlogoEcolñgico: Los océanos estãn en grandes apuros y entiendo que el Presidente Obama estã creando una alta comisiñn para resolver este problema. éCuãles son los asuntos mãs urgentes?

—Steve Sullivan, Bothell, WA

Nuestros océanos estãn verdaderamente en un estado terrible, gracias principalmente a la actividad comercial e industrial desenfrenada. La sobrepesca y la contaminaciñn han diezmado lo que era anterioremente una cantidad inmensa de peces y otra vida marina, y las prãcticas dañinas continüan a este déa a pesar de acuerdos internacionales que las proscriben.

Nuestro apetito por los mariscos ha empujado a tres-cuartos de las pesqueréas del mundo cerca o mãs allã de los lémites de sostenibilidad, mientras que nueve de los 10 peces mãs grandes del mar, como el atün y el pez espada, han desaparecido. Y aunque todavéa no estã claro el impacto que el calentamiento climãtico tendrã en los océanos—la mortandad entre los arrecifes de coral y los cambios abruptos en las corrientes poderosas oceãnicas son dos posibilidades terribles—las perspectivas, en el mejor de los casos—son desanimantes.

Aunque George W. Bush no fue—en general—un amigo del ambiente, su record de protecciñn océanica no es realmente demasiado malo. Después de convocar una comisiñn de expertos de varias disciplinas para compilar un informe sobre el estado de los océanos de EEUU, su administraciñn tomñ medidas para proteger un hãbitat de 215 millones de acres de océano profundo biolñgicamente rico en el Pacéfico cerca de Hawãi y Guam. Las ãreas nuevamente protegidas estãn en zonas donde se prohibe la extracciñn de recursos y la pesca comercial, pero abiertas al trãnsito marétimo, la investigaciñn cientéfica y la recreaciñn de impacto ménimo—y deberéan ser una bendiciñn para peces y otra especies marinas que estãn tratando recuperarse de décadas de abuso. Pero aunque tales protecciones son un paso inmenso en la direcciñn correcta, ellos representan menos que una gota en el océano en cuanto a lo que todavéa deberéa hacerse para ayudar a los peces y ecosistemas marinos a recuperarse.

Nuestros océanos están en apuros, gracias principalmente a la actividad comercial e industrial desenfrenada. El calentamiento planetario también puede jugar un rol nefario, al desbaratar o apagar poderosas corrientes oceánicas o matando los arrecifes de coral ricos en biodiversidad, como la Gran Barrera de Arrecifes, vista en la imagen adjunta.
© Richard Ling

En vista de las amenazas existentes, el Presidente Obama el mes de junio pasado convocñ un grupo de trabajo para elaborar una polética nacional de custodia oceãnica. Dirigido por Nancy Sutley, presidente del Consejo Sobre Calidad Ambiental de la Casa Blanca, el grupo de trabajo se dedica actualmente a redactar un marco de explotaciñn sostenible de los recursos costeros y de océano norteamericanos. Actualmente 20 agencias federales diferentes supervisan unas 140 leyes de protecciñn oceãnica; Obama ha pedido a su grupo de trabajo que consoliden todas las léneas de autoridad y leyes diferentes para concentrar atenciñn en los desaféos mãs graves que enfrentan los océanos y los que los manejan.

Los ecologistas han alabado la decisiñn de Obama de crear el grupo de trabajo—algo contemplado en la comisiñn oceãnica de Bush y por otros expertos—pero no estã claro cuãn efectivo puede llegar a ser dado las prioridades poléticas existentes. Algunos congresistas estãn apoyando un proyecto de ley integrado para la protecciñn de océanos, denominada Océanos-21, que propone regular pesqueréas, establecer una red de ãreas protegidas, proporcionar un marco para la administraciñn de océanos, rescatar costas y ãreas del litoral, y ayudar a la vida marina a sobrevivir el calentamiento climãtico.

Afortunadamente, los norteamericanos no son los ünicos concernidos acerca de los océanos del mundo. Las Naciones Unidas lanzaron su iniciativa Oceans and Coastal Areas Network (Red de Océanos y Areas Costeras)—luego rebautizada Océanos ONU—en 2003 para coordinar los esfuerzos de rescate oceãnicos y costeros alrededor del mundo. Mãs recientemente, varias naciones isla en el pacéfico occidental y el océano Indico formaron la Iniciativa de Triãngulo Coral, adoptando un plan de 10 años de acciñn para detener el avance de amenazas crecientes a los arrecifes de coral, peces, bandas costeras de manglar y otros recursos marinos a través de la regiñn. Aunque los problemas pueden ser mãs diféciles que nunca, por lo menos ahora nuestros océanos estãn al fin recibiendo un poco de atenciñn; sñlo el tiempo podrã decir si abrazamos estas medidas a tiempo para evitar el colapso global de los ecosistemas marinos.

CONTACTOS: UN Oceans.


Querido DiãlogoEcolñgico: A menudo he cocinado alimentos en su propia lata, cosas leche condensada y sopa de hongos. Pongo la lata sin abrir en la olla a presiñn, la cubro con agua y la dejo cocinar durante 30 minutos. Los resultados asombran. éPresenta esto algün riesgo? éPueden filtrarse los metales en mi alimento?

—Mercedes Kupres, via email

Los fabricantes de latas dicen que éstas están diseñadas para mantener los alimentos frescos, y ser transportados con seguridad, pero no para ser usados como útiles de cocina. El interior de la mayoría de las latas en las tiendas de alimentos está revestido con resina epóxica especial para alimentos, la que contiene Bisfenol-A (BPA), y otras sustancias químicas potencialmente peligrosas.
© Nic McPhee, courtesy Flickr

Para empezar, los fabricantes de latas y tarros no recomiendan utilizar sus productos para nada excepto almacenar alimentos sin abrir hasta que estén listos para servir. “Las latas son envases seguros, reciclables, y durables que mantienen bebidas y alimentos frescos y que permiten que sean transportados sin peligro miles de millas, aün a regiones remotas—pero ellos no fueron diseñados para ser utilizados ütiles de cocina,” dice Scott McCarty de la Corporaciñn Ball, basada en Colorado, un fabricante prominente de envases de comidas y bebidas.

Los defensores del cocinado en lata citan el hecho que muchos productos enlatados ya fueron calentados en sus latas para matar bacterias durante el proceso de enlatado, asé que équé daño podréa hacer un poco mãs de calor? McCarty concede que algunas latas son calentadas durante el proceso de envasado. “Pero eso no cubre todas las latas ni todos los alimentos, y es un proceso muy delicado, controlado y vigilado y llevado a cabo en un ambiente que estã expresamente diseñado para este fin”.

En cuanto a qué metales pueden estar lixiviando en su alimento envasado, la cosa depende. En EEUU, la mayoréa de las latas de alimento estãn hechas de acero mientras que las latas de bebidas son hechas generalmente de aluminio. El cromo y el néquel pueden escaparse del acero, pero las cantidades seréan minüsculas o cuasi inexistentes. Un poco mãs serio es el hecho que el aluminio—del que cantidades grandes han sido ligadas a desñrdenes del sistema nervioso y otros problemas de salud—puede lixiviarse teñricamente de las latas y pasar al contenido de alimento o bebida.

Para prevenir cualquier incidente de lixiviaciñn—que es malo para el alimento y el consumidor y también para la lata misma (ya que puede causar corrosiñn) —el interior de la mayoréa de las latas en los supermercados estã revestido con resina epñxica para alimentos. Pero se ha demostrado que estos revestimientos contienen Bisfenol-A (B

PA) y otras sustancias quémicas potencialmente perjudiciales. El BPA es un endurecedor plãstico sintético que ha sido vinculado con problemas del sistema reproductivo humano y un riesgo aumentado de cãncer y diabetes. Un anãlisis en 2009 de alimentos comunes envasados por la organizaciñn no comercial Consumers Union encontrñ niveles mensurables de BPA en una gran variedad de artéculos, inclusive algunos que proclamaban en su etiqueta no tener BPA en absoluto.

La Direcciñn de Alimentos y Drogas de EEUU estã en estos momentos evaluando si o no se puede permitir al BPA que entre en contacto con artéculos de alimento. Mientras tanto, algunas compañéas innovadoras no estãn esperando una decisiñn de la FDA. Eden Foods, que se enorgullece de la calidad de sus productos, trabajñ ya en 1999 con su fabricante de envases, la Ball Corporation, para reemplazar los revestimientos tradicionales basados en sustancias epñxicas con un esmalte pegado al horno, carente de BPA, y derivado de aceites y resinas vegetales.

Esta tecnologéa no es nada nuevo; de hecho, Eden se tropezñ con ella al preguntar a Ball qué es lo que usaba antes de que los revestimientos de epoxi llegaran a ser la norma unas tres décadas atrãs. Aunque las latitas especiales cuestan 14 por ciento mãs que los tarritos estãndar usados en la industria, Eden mantiene que vale el gasto extra (que asciende a unos $300.000 adicionales por año). “Se trataba de hacer lo correcto,” dice Michael Potter, presidente de Eden. “Yo no deseaba ver BPA en el alimento que servéa a mis niños, mis nietos o mis clientes”.

CONTACTOS: Ball Corporation; Consumers Union; U.S. Food and Drug Administration; Eden Foods.

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