Semana del 11/7/10

Querido DiãlogoEcolñgico: Siempre pensé que comer pescado era sano, pero ahora me preocupa el mercurio en el atün y otros peces. éHay algün pescado que sea todavéa sano para comer?

—Brit Brundage, Fairfield, CT

Sé, deberéa preocuparse por los contaminantes en ciertos peces, inclusive algunas clases de atün. El Fondo Ambiental de Defensa (ED) recomienda minimizar el consumo de albacora (atün blanco), un pez grande que acumula cantidades moderadas de mercurio en sus tejidos adiposos. Pero otras clases de atün (mãs pequeño), como el bonito (enlatado generalmente como mãs “liviano”), que acumula un tercio de la cantidad de mercurio de la albacora, es aceptable para comer en moderaciñn, aunque su consumo por menores de siete años deberéa ser limitado.

Complicando aün mãs el asunto, algunos atunes ligeros enlatados pueden contener albacora de aletas amarillas, que tiene niveles de mercurio semejantes a la albacora ordinaria; estos productos son a veces pero no siempre marcados como “gastrñnomo” o “tonno” —y su consumo debe ser limitado, aün por adultos.

El mercurio, una “neurotoxina” conocida (un veneno que afecta el sistema nervioso), es especialmente insidioso porque estã ampliamente esparcido en nuestros océanos, principalmente debido a emisiones de centrales eléctricas a carbñn. Estas chimeneas depositan mercurio en las véas acuãticas, que lo llevan al océano donde bacterias lo convierten en mercurio de metilo. Los peces entonces lo ingieren con su alimento y por el agua que pasa por sus agallas.

El Environmental Defense Fund (Fondo de Defensa Ambiental) recomienda minimizar el consumo de albacora (atún blanco), un pescado grande que acumula cantidades modestas de mercurio en sus tejidos grasos. Pero otros tipos de atún (pequeño), tales como el atún bonito (normalmente enlatado como "ligero"), que acumula un tercio de la cantidad de mercurio del atún blanco, son aceptables para comer en moderación, aunque consumo por niños menores de siete años debería controlarse.
© Mark H. Anbinder, courtesy Flickr

Por lo general, los peces mãs grandes, mãs viejos y los grandes depredadores (como tiburones, peces espada, tilefish, caballa de rey y algunes atunes) cerca de la cima de las cadenas alimenticias marinas son mãs probables de tener altos niveles de mercurio que los pescados mãs bajos en la misma cadena. La gente expuesta a niveles altos o dosis frecuentes de mercurio pueden sufrir desñrdenes del sistema nervioso, daño al desarrollo mental y otros problemas de salud.

Un estudio de abril de 2003, publicado en Environmental Health Perspectives, encontrñ que el 89 por ciento de los sujetos de estudio, escogidos porque coméan una cantidad significativa de pez, tenéan niveles de mercurio en la sangre superiores al umbral de seguridad establecido por la Direcciñn de Protecciñn del Medio Ambiente de EEUU (EPA) de cinco microgramos por litro. Aunque hay beneficios de salud en comer pescado (inclusive la absorciñn de ãcidos grasos saludables omega-3), el EPA aconseja que los niños jñvenes, mujeres embarazadas, las madres que amamantan y las mujeres preñables limiten su consumo de pescado de alto mercurio a una porciñn a la semana a lo mãs, limitando su ingerencia total de cualquier pez o marisco a no mãs de dos a tres porciones, o 12 onzas, a la semana.

El mercurio no es el ünico contaminante serio que queda en acecho en el océano. Las sustancias quémicas industriales como el PCB y pesticidas como el DDT estãn en abundancia en las cadenas alimenticias marinas alrededor del mundo. Segün EDF, puede tomar cinco años o mãs para que las mujeres en edad de tener hijos se deshagan de los PCBs, y de 12-18 meses para reducir perceptiblemente sus niveles de mercurio. El EDF agrega que las mamãs que comen pescados tñxicos antes que se embaracen pueden tener niños que se desarrollen y aprendan mãs despacio porque los fetos fueron expuestos a toxinas almacenadas a través de la placenta.

Para aprender mãs, visite el sitio web de la EPA sobre informaciones acerca de pescados. Incluye lazos a consultoréas estatales sobre el mismo tema, los que tienen detalles sobre que pescado comer o no comer de lagos cercanos o zonas costeras. El bagre, el abadejo, el salmñn, el camarñn y el atün ligero estãn actualmente en la lista segura de EPA, ya que se alimentan hacia el fondo de la cadena alimenticia y asé tienen menos oportunidad de acumular mercurio y otros contaminantes.

CONTACTOS: EDF; EPA Fish Advisories.


Querido DiãlogoEcolñgico: éQué significa cuando uno utiliza la frase, “construyendo una economéa verde”? La he oédo varias veces ültimamente y querréa tener una mejor idea acerca del concepto.

—Rosie Chang, Islip, NY

En un reciente discurso al Congreso, el Presidente Barack Obama dijo: "Para verdaderamente transformar nuestra economía, reforzar nuestra seguridad, y salvar el planeta de los desastres de los cambios climáticos, tenemos ultimamente que hacer que la energía limpia se convierta en la energía más rentable.
© P. Roth, courtesy Flickr

La frase “construyendo una economéa verde” significa cosas diferentes a diferentes personas, pero en general se refiere a estimular el desarrollo econñmico que prioriza la sostenibilidad—vale decir, trabajar con la naturaleza y no contra ella, para satisfacer las necesidades y deseos de la gente—en vez de desatender las preocupaciones ambientales en el proceso de crecer la economéa. La manera principal en que los gobiernos alrededor del mundo tratan de “verdear” sus propias economéas es mediante un aumento en la inversiñn—y, por extensiñn, la creaciñn de trabajos—en industrias en la vanguardia de formas renovables y no contaminantes de energéa, como la solar y la energéa eñlica.

El presidente Obama ha invocado repetidas veces su visiñn de una economéa verde como un instrumento para ayudar a EEUU a escapar de la recesiñn y posicionarse como una potencia econñmica en un futuro de hidrocarburos constreñidos. La Ley de Recuperaciñn y Reinversiñn Estadounidense (ARRA) de 2009, los $787,2 mil millones de estémulos que el Congreso convirtiñ en ley en 2009, estaba repleto de provisiones para aumentar la energéa renovable, la eficiencia de energéa e iniciativas de restauraciñn ambientales. Ejemplos incluyen $4,5 mil millones para convertir edificios de gobierno en edificios verdes de gran rendimiento; $8,4 mil millones para inversiones en el transporte püblico, y decenas de miles de millones de dñlares mãs para investigaciones en nuevas tecnologéas que amplifiquen los esfuerzos existentes. ARRA también reservñ $11 mil millones para la implementaciñn de una “red inteligente”, un nuevo sistema de distribuciñn de electricidad que traerã mãs fuentes de energéa limpia a la mezcla actual y promoverã eficiencia de energéa.

La inyecciñn de cantidades tan enormes de dinero en proyectos de sostenibilidad son una de las maneras por las cuales la administraciñn de Obama espera “verdear” la economéa de EEUU y sacar al mismo tiempo el paés de la recesiñn. “Para verdaderamente transformar nuestra economéa, proteger nuestra seguridad, y salvar nuestro planeta de los estragos del cambio del clima, necesitamos ültimamente hacer que la energéa limpia y renovable sea también la energéa mãs rentable,” Obama declarñ al Congreso unos pocos meses atrãs.

Por supuesto, los norteamericanos no son los ünicos dispuestos a construir una economéa verde. Durante los años ochenta y noventa, cuando el gobierno n

orteamericano estaba en gran parte desinteresado en asuntos ambientales, paéses como Dinamarca, Alemania, España y Japñn estaban ya ocupados invirtiendo en investigaciones e implementaciñn de tecnologéas de viento y solares. Y aunque estos esfuerzos por parte de tales naciones no son cosas de niños, los economistas indican que lo que mãs se necesita es las acciñn por parte de las mãs economéas de crecimiento mãs rãpido del mundo—China e India.

Un informe reciente por la firma consultora McKinsey & Company encontrñ que China—que superñ a EEUU como la generadora mãs grande del mundo de gases invernaderos hace tres años—tiene gran potencial de construir una economéa verde en las décadas venideras. Segün McKinsey, para 2030 China podréa reducir sus importaciones de petrñleo y carbñn hasta un 40 por ciento y sus emisiones de gas invernadero 50 por ciento, invirtiendo mãs de 1,5 trillones Yuan ($220 mil millones de dñlares) por año en tecnologéas verdes nuevas y existentes. China ha comenzado a tomar el camino correcto con respecto a la reducciñn de emisiones, aumentando la eficiencia de energéa y abrazando la energéa alternativa renovable, pero todavéa tiene que hacer compromisos financieros significativos, que serãn cruciales para evitar el cambio catastrñfico de clima y construir una economéa verde realmente global.

CONTACTOS: ARRA; McKinsey & Company.

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