Semana del 12/04/2009

Querido DiãlogoEcolñgico: Sigo topãndome con gente que dicen que el calentamiento global a raéz de actividades humanas es solamente una teoréa, y que el mismo nümero de cientéficos que dudan de ella la creen. éPueden Uds. resolver la cuestiñn?

—J. Proctor, Londres, Reino Unido

Los que se autodenominan “escépticos del calentamiento del planeta" estãn de hecho haciendo mucho mãs ruido que antes, y se estãn agrupando para demostrar su solidaridad contra el consenso cientéfico que ha concluido que el calentamiento del planeta es causado por las emisiones de actividades humanas.

Casi 800 escépticos (cuya mayoréa no eran cientéficos) participaron en la segunda Conferencia Internacional Anual Sobre Cambio de Clima—-patrocinada por el Heartland Institute, un laboratorio de ideas conservador —durante marzo de 2009. El meteorñlogo Richard Lindzen afiliado con el MIT que oficiñ como ponente de apertura, dijo a la reuniñn que "no hay base substantiva para predicciones importantes de calentamiento del planeta debido a aumentos menores observados de gases de efecto invernadero tales como diñxido de carbono, metano y clorofluorocarbonos."

La mayoréa de los escépticos atribuyen el calentamiento global—casi nadie niega ahora que el calentamiento estã ocurriendo dada el alza innegable de temperaturas de superficie alrededor del mundo—a los ciclos naturales, no las emisiones de las centrales eléctricas, los automñviles y a otra actividad humana. "La evidencia de observaciñn
sugiere que cualquier calentamiento debido al crecimiento de gases de efecto invernadero es probable que sea negigible, difécil de detectar sobre las fluctuaciones naturales del clima, y por lo tanto no crucial," dice el fésico atmosférico Fred Singer, un escéptico franco del calentamiento del planeta y fundador del Science and Environmental Policy Project, dedicado a analizar (y criticar) cuestiones de ciencia y polética medioambiental.

Una serie reciente de estudios reexaminados por peritos­muchos de los cuales aprovechan nueva información obtenida por satélites­apoyan la opinión que son las emisiones de escape de autos y de hollín industrial (y ahora de animales confinados en granjas de cría intensiva, que emiten metano) las que causan el calentamiento global. Sin embargo, un círculo creciente de los así llamados 'escépticos del calentamiento planetario', niegan estas conexiones y las atribuyen a ciclos naturals.
© Getty Images

Pero los léderes ambientalistas mantienen que aunque algo del calentamiento puede tener origen en los ciclos milenarios, algo debe estar desatando el cambio actual. Segün el grupo no comercial Environmental Defense [Defensa Ambiental], algunas explicaciones (naturales) posibles incluyen mayor radiaciñn solar, mãs absorciñn del calor del sol debido a un cambio en la reflectividad de la tierra, o a un cambio en el sistema de clima interno que transfiere calor a la atmñsfera.

Pero los cientéficos no han podido validar ninguna de estas razones con respecto al calentamiento actual, a pesar de esfuerzos exhaustivos. Y una serie de estudios recientes sujetos a revisiñn por peritos—muchos de ellos basados en nuevos datos obtenidos por satélites—apoyan la posiciñn que son precisamente las emisiones de los tubos de escape, chimeneas industriales (y ahora de animales sometidos a la créa intensiva, que producen metano) los que estãn causando daño potencialmente irremediable al ambiente.

En efecto, la Academia Nacional de Ciencias de los E.E.U.U. declarñ en 2005 que los "gases de efecto invernadero se estãn acumulando en la atmñsfera de la tierra como resultado de actividades humanas, aumentando la temperatura superficial del aire y las temperaturas subterrãneas del océano," agregando "que la comprensiñn cientéfica del cambio de clima estã ahora suficientemente clara como para justificar que las naciones tomen medidas inmediatas." Otros cuerpos cientéficos importantes de los E.E.U.U., incluyendo la Sociedad Meteorolñgica Norteamericana, la Asociaciñn Norteamericana para el Avance de la Ciencia y la Uniñn Geofésica Norteamericana han publicado declaraciones concurrentes colocando la culpa directmente sobre los hombros de los seres humanos.

También, el Panel Intergubernamental Sobre Cambio de Clima (IPCC), un grupo de 600 cientéficos destacados del clima de 40 naciones, dice que es "muy probable" (mãs de una chance del 90 por ciento) que los seres humanos estãn causando un cambio de temperatura global que alcanzarã entre 3,2 y 7,2 grados Fahrenheit antes de fin de este siglo.

CONTACTOS: Heartland Institute; Science and Environmental Policy Project; U.S. National Academy of Sciences; IPCC.


Querido DiãlogoEcolñgico: éSon estables las poblaciones de elefante en la actualidad?

—Reuben Perrin, Hartford, CT

La caza ilegal (principalmente para obtener marfil) junto con la pérdida de habitat han causado dramáticas declinaciones en las poblaciones de tanto elefantes africanos como asiáticos. En 1930, existían entre cinco y 10 millones de elefantes africanos, vagando por todo el continente en grandes grupos. Hoy día ese número es probablemente menos de 500.000. Foto: Dos paquidermos africanos cara a car en el Parque Reservación Masai Mara de Kenia.
© Getty Images

Lejos de eso. El doble golpe de la caza ilegal y la pérdida de habitat ha llevado a una declinaciñn dramãtica en las poblaciones de elefantes africanos y asiãticos en las ültimas décadas. En 1930, habéa entre cinco y 10 millones de elefantes africanos salvajes, cubriendo todo el continente africano en grandes manadas. Apenas 60 años mãs tarde, cuando fueron incluidos en la lista internacional de especies créticamente en peligro, sñlo quedaban cerca de 600.000, dispersos a través de un puñado de paéses africanos. Ese nümero es hoy probablemente menos de 500.000 animales.

Aunque los elefantes asiãticos nunca fueron tan numerosos como sus contrapartes africanas, sus nümeros de poblaciñn también han caédo precipitosamente, de unos 200.000 un siglo atrãs a menos de 40.000 hoy. Los conservacionistas temen que a menos que la demanda del marfil se extinga, y la gente deje de invadir los habitats principales del elefante, el maméfero terrestre mãs grande del planeta podréa convertirse en solo una memoria meramente dentro de otros cien años.

Pero poner fin a la pérdida de habitat puede resultar poco menos que imposible mientras que la gente compita cada vez mãs por menos y menos recursos y se trasladen mãs agresivamente a las tierras vérgenes, de modo que los conservacionistas abocados a la salvaciñn del elefante han optado por concentrar su acciñn en la reducciñn o eliminaciñn de la caza ilegal. Aunque la caza de trofeo de elefantes pudo haber sido importante décadas atrãs, la mayoréa de los cazadores de elefante de hoy estãn interesados en el marfil de los colmillos, que han sido un producto en gran demanda a través de Asia por muchos años como materia prima para tallados barrocos altamente codiciados. A pesar de la inclusiñn de los elefantes en el apéndice I de la Convenciñn Sobre Comercio Internacional de Especies en Peligro (CITES) en 1990—que significa que la venta de colmillos y otros organos de elefantes constituye una violaciñn de ley internacional—la caza ilegal es un negocio mãs grande que nunca, con los precios del marfil subiendo mãs de 1600% estos ültimos años.

Algunos paéses, tales como Tanzania y Kenia, estãn trabajando esforzadamente para cumplir con su parte del acuerdo de CITES, contratando a patrullas de jñvenes—algunos de ellos mismos cazadores furtivos anteriormente—para vigilar poblacion

es locales de elefantes y hacer cumplir la legislaciñn nacional e internacional contra la matanza de éstos y otras especies en peligro. Grupos conservacionistas como la African Wildlife Foundation (AWF) [Fundaciñn Africana de la Fauna] y la Wildlife Conservation Society (WCS) [Sociedad de Conservaciñn de la Fauna] estãn trabajando estrechamente con los funcionarios locales para mejorar el habitat del elefante y para mantener a raya a los cazadores furtivos. Estas organizaciones esperan que la gente en estas regiones pueda aprender cñmo generar ingresos del turismo en vez de la caza.

Pero en otras partes los gobiernos no estãn tan cometidos a la interdicciñn del marfil, y aün menos a observar leyes impuestas por extranjeros. Los funcionarios de gobierno en Zimbabwe, Surãfrica y Botswana, por ejemplo, sostienen que el comercio en marfil se debe regular, no prohibir. Mantienen que los paéses que estãn “administrando” bien a sus elefantes deben tener la libertad de vender marfil para pagar medidas de conservaciñn.

En parte para probar tales teoréas, la primera venta legal de marfil en una década se llevñ a cabo en octubre de 2008, a pesar de muchas protestas de conservacionistas. Los compradores, sobre todo de China y Japñn, literalmente arrebataron mãs de 100 toneladas almacenadas de colmillos de elefante—sin ningün elefante muerto recientemente o ilegalmente para esta venta—con los ingresos destinados a grupos que trabajan para salvar al elefante y su habitat. Pero con la venta de marfil legal se ha visto una renovaciñn de la caza furtiva, dejando a los conservacionistas con la sensaciñn de haber dado "un paso adelante, y dos atrãs".

CONTACTOS: CITES; AWF; WCS.

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