Semana del 13/9/09

Querido DiãlogoEcolñgico: He oédo que la tecnologéa hébrida automotriz ahora estã siendo utilizada para propulsar barcos. éCuãl es la realidad acerca de eso?

—D. Smith, Portland, ME

Con las preocupaciones a un nivel sin precedentes acerca del cambio de clima y el destino de los océanos y véas navegables en peligro del mundo, tiene sentido que la industria de naves de recreo esté estudiando maneras mãs ecolñgicas para hacer su contribuciñn y atraer mãs clientes entre la gente ambientalmente consciente.

Los norteamericanos pasan 500 millones de horas dando vueltas en embarcaciones de recreo cada año. Pero hasta hace poco, los motores de estos barcos reflejaban una eficiencia promedia mucho mãs baja que la aplicable a sus contrapartes automovilésticas. El año pasado la Agencia de Protecciñn al Medio Ambiente de EEUU anunciñ nuevos estãndares mãs rigurosos de emisiones para motores marinos—tanto interiores como fuera de borda—pero eso entrarã en vigor en 2010. De hecho, varios botes hébridos estãn ya en el mercado, ostentando calificaciones de emisiñn bien por debajo de los nuevos estãndares.

El bote de 24 pies (8 m) Endeavor Green Electric Hybrid puede correr todo el déa con una carga eléctrica que cuesta sñlo 11 centavos y no engendra emisiones, recurriendo a un pequeño generador diesel sñlo si las ocho bateréas del barco se agotasen. Y cuãndo los propietarios de estas embarcaciones puedan cargar las bateréas a través del sol o la energéa eñlica, los barcos ostentarãn una huella cero de carbñn. La firma Craig Catamaran Corp. de Florida lanzñ el año pasado una versiñn hébrida de su lancha motora compacta de estilo catamarãn. El biplaza pequeño deportivo, que es suficientemente ligero como para ser remolcado por un Mini Cooper o Smart Car, puede correr ocho horas con menos de un galñn de gas, y cuesta menos de $6.000 todo incluédo.

Como muchas industrias de hoy, el negocio de navíos está buscando maneras más "verdes" de hacer su contribución y atraer más clientes entre el creciente número con concientización ambiental. IMAGEN: El recientemente modernizado ferry Hornblower a Alcatraz y las islas Angel en San Francisco, que es propulsado por varias fuentes alternativas de energía, incluyendo un sistema dieseleléctrico híbrido accionado por células solares y turbinas de viento en su misma cubierta.
© John K, courtesy Flickr

Para los que buscan una embarcaciñn mãs grande y lujosa, el hébrido de 25 pies (8.5 m) de Frauscher quizãs sea justo el producto ideal. El rãpido bote de recreo austréaco que cuesta $155.000, combina un motor eléctrico con un motor Steyr diesel de 256 caballos para permitir cruceros en la bahéa sin emisiones, o carreras veloces a octano alto en alta mar.

Si usted no estã todavéa listo para dar el paso decisivo con respecto a un barco hébrido, eche un vistazo a uno en acciñn en su prñxima visita a San Francisco. El recientemente modernizado ferry Hornblower a Alcatraz y las islas Angel es propulsado por varias fuentes alternativas de energéa, incluyendo un sistema dieseleléctrico hébrido accionado por células solares y turbinas de viento en su misma cubierta. Alcatraz Cruises, la empresa privada que opera el servicio afirma que el Hornblower es el primer transbordador hébrido en el paés. El buque de 64 pies (20.5 m) tiene un sistema avanzado de gestiñn de potenciamiento que regula cuando y cñmo las diferentes fuentes de alimentaciñn serãn utilizadas para optimizar su energéa y minimizar emisiones. Los pasajeros pueden ver muchos de los adelantos tecnolñgicos en el buque, ofreciendo no sñlo una diversiñn y paseo escénico sino también una educaciñn.

Por su parte, se informa que la Marina de EEUU ha contratado a Solomon Technologies, fabricantes de la famosa lénea de lanchas inflables Zodiac, para crear una serie de naves hébridas donde la eficiencia en combustible y el pasaje sigiloso son de suma importancia. Los deportistas, los pacifistas y los activistas de Greenpeace contra la pesca de ballenas podrãn tener también la ocasiñn de verificar uno pronto, ya que Solomon ya estã estudiando integrar las tecnologéas hébridas a sus lénea de productos comerciales y de recreaciñn.

CONTACTOS: Endeavour Green; Craig Catamaran; Frauscher Boats; Alcatraz Cruises; Solomon Technologies


Querido DiãlogoEcolñgico: La caza parece ser una controversia seria entre los partidarios del medio ambiente. Pueden Uds. decir de una vez por todas: éEs la caza buena o mala para el ambiente?

—Bill Davis, Nueva York, NY

El debate sobre la caza probablemente nunca se resolverá a satisfacción de todas las partes, pero resulta cada vez más claro que los líderes ambientalistas están abogando cooperación entre los cazadores y grupos ambientales. Después de todo, a pesar de las diferencias, ambos grupos lamentan la extensión descontrolada de las áreas urbanas y la destrucción de habitats.
© David De Lossy, courtesy Getty Images

Como tantos asuntos que apasionan a la gente, la respuesta a esta pregunta depende de quién la responda. Por una parte, algunos dicen, nada podréa ser mãs natural que la caza, y verdaderamente casi todas las especies animales—inclusive humanos—han sido o animal de rapiña o de presa en algün punto de su evoluciñn. Y, irñnico como suene, puesto que los humanos han aniquilado muchos animales de rapiña, algunos ven a la caza como una manera natural de matar selectivamente a los animales de presa que, como resultado, ahora se reproducen mãs allã de la capacidad de carga del ambiente.

Por otro lado, muchos partidarios del ambiente y de los animales ven a la caza como algo brutal, aduciendo que es inmoral matar animales, a pesar de consideraciones prãcticas. Segün Glenn Kirk afiliado con el Animals’ Voice, basado en California, la caza “causa inmenso sufrimiento a animales salvajes individuales
” y es “gratuitamente cruel porque a diferencia de los cazadores naturales de rapiña el cazador mata por el placer
” Kirk agrega que, a pesar de las afirmaciones de los cazadores que la caza mantiene las poblaciones de fauna en equilibrio, la realidad es que precisamente los honorarios de licencia de los cazadores se utilizan para “manipular unas pocas especies [de caza] a un nivel de sobrepoblaciñn a costa de un nümero mucho mãs grande de especies no favoritas para la caza, lo que resulta en pérdida de diversidad biolñgica, integridad genética y equilibrio ecolñgico”.

Mãs allã de asuntos morales, otros contienden que la caza no es prãctica. Segün la Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos (HSUS), la inmensa mayoréa de la especies cazadas—como aves acuãticas, pãjaros de mesetas elevadas, palomas huilotas, ardillas y mapaches— “proporciona sustento ménimo y no requieren control demogrãfico”.

El autor Gary E. Varner sugiere en su libro, En los Intereses de la Naturaleza, que algunos tipos de caza pueden ser moralmente justificable mientras otros no pueden ser. La caza “entendida como herramienta para asegurar el bienestar general de la especie, la integridad de su ecosistema, o de ambos” —lo que Varner llama ‘caza terapéutica”—es defendible, mientras que la caza de subsistencia y deporte—que sñlo benefician a seres humanos—no lo es.

Sea cual sea nuestra posiciñn individual, menos norteamericanos cazan hoy que en tiempos recientes. Datos recolectados por el Servicio de Peces y Fauna de EEUU para su mãs recient

e (2006) Inspecciñn Nacional de la Pesca, Caza y Recreaciñn Asociada con la Fauna, muestran que solamente cinco por ciento de los estadounidenses—unos 12,5 millones de individuos—se consideran a sé mismo como cazadores hoy, un descenso del nueve por ciento en 2001 y el 15 por ciento en 1996.

El apoyo püblico por la caza, sin embargo, estã en ascenso. Una estudio de 2007 hecho por por Responsive Management Inc., un instituto de investigaciñn social que se especializa en asuntos de recursos naturales, encontrñ que el 78 por ciento de los norteamericanos apoya la caza hoy contra un 73 por ciento en 1995. El ochenta por ciento de los entrevistados concordñ con la proposiciñn que “la caza tiene un lugar legétimo en la sociedad moderna,” mientras que el porcentaje de norteamericanos que indican desaprobaciñn de la caza disminuyñ del 22 por ciento en 1995 al 16 por ciento en 2007.

Quizãs reflejando la tendencia vista en el püblico, los léderes verdes recomiendan cada vez mãs la cooperaciñn entre cazadores y grupos ambientales: Después de todo, ambos lamentan le extensiñn urbana y la destrucciñn de hãbitat.

CONTACTOS: The Animals Voice; HSUS; National Survey of Fishing, Hunting and Wildlife-Associated Recreation; Responsive Management Inc.

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