Semana del 16/8/09

Querido DiãlogoEcolñgico: No he oédo mucho recientemente acerca de derrames de petrñleo grandes como el famoso Exxon Valdez. éSe ha reformado la industria de verdad, o sencillamente la prensa no los reporta?

—Olivia G., a través de email

Tras el derrame masivo de petrñleo en 1989 del Exxon Valdez en la Sonda Préncipe William de Alaska, cuãndo 11 millones de galones de petrñleo ensuciaron unas 1.300 millas de litoral anteriormente préstino y rico en fauna, mucho se ha hecho para prevenir derrames futuros de tal magnitud.

Para comenzar, el Congreso promulgñ rãpidamente en 1990 La Ley de Contaminaciñn de Petrñleo, que revisñ los reglamentos navieros, impuso a la industria nuevas obligaciones, requiriñ planes detallados de respuesta a una emergencia y añadiñ medidas adicionales de protecciñn para la navegaciñn en la Sonda Préncipe William misma. Bajo los términos de la ley, las compañéas no pueden enviar petrñleo en ninguna agua territorial de los EEUU a menos que demuestren tener listos planes de respuesta y limpieza a la vez que personal cualificado y equipos a la mano para responder rãpida y efectivamente en caso de otro desastre.

También, la ley ordena, que para 2015, todos los petroleros en aguas de EEUU deben estar equipados con dobles cascos. El Exxon Valdez tenéa sñlo un casco cuando se encallñ en el Arrecife de Bligh y vertiñ su petrñleo en la Sonda Préncipe William, el terminal sur del oleoducto que se origina 800 millas al norte en la Bahéa de Prudhoe. En comparaciñn, un petrolero de casi 300 metros de largo y de doble casco que acarreaba casi 40 millones de galones de petrñleo crudo no dejo escapar petrñleo cuando chocñ con escombros sumergidos cerca de Galveston, Tejas en marzo de 2009.

Entre 1973 y 1990, un promedio de 11,8 millones de galones de petróleo se vertieron cada año en aguas norteamericanas. Desde entonces, el promedio ha caido a justo 1,5 millones de galones, aunque los derrames de petróleo en aguas norteamericanas han subido otra vez durante la última década, con 134 incidentes solamente en 2008.
© Getty Images

Segün el Servicio de Guardacostas de EEUU, los promedios totales anuales de escapes de petrñleo han caido dramãticamente desde que las nuevas regulaciones entraron en vigencia en 1990. Entre 1973 y 1990, un promedio de 11,8 millones de galones de petrñleo se vertieron cada año en aguas norteamericanas. Desde entonces, el promedio ha caido a justo 1,5 millones de galones, con el mãs grande derrame (no inclusive los ocasionados por el Huracãn Katrina en 2005) alcanzando menos de 600.000 galones.

A pesar de estas mejoras, los créticos dicen que la industria todavéa tiene mãs trabajo que hacer. Aunque las protecciones han sido reforzadas en la Sonda Préncipe William, otros puertos norteamericanos mayores todavéa carecen de precauciones extra como remolcadores escolta y dobles motores y timones en buques grandes para ayudar a conducirlos a un punto seguro cuando estén en apuros.

Otra ãrea que la ley de 1990 no cubre es los buques portacontenedores que no transportan petrñleo en su carga pero que llevan una cantidad grande del mismo, de todos modos, para su propio combustible que les permita cubrir grandes distancias. Tales buques también podréan causar un derrame mayor (en exceso de 100.000 galones, segün la clasificaciñn usada por el Servicio de Guardacostas). Otra preocupaciñn mãs es el gran nümero de escapes de petrñleo mãs pequeños que ocurren cada déa en ubicaciones industriales (inclusive pero no limitadas a instalaciones de refinamiento y almacenamiento de petrñleo) e incluso en nuestros propios caminos de entrada. Estos continuarãn agregando un costo pesado a nuestro ambiente, incluso si otro barco petrolero nunca derramase su carga otra vez en el mar.

Y aunque el nümero y volumen total de derrames de petrñleo ha bajado dramãticamente en comparaciñn con los déas de antaño, la tendencia reciente es preocupante. La Oficina de Respuesta y Restauraciñn de la Administraciñn Nacional, Oceãnica y Atmosférica (NOAA) informa que los escapes de petrñleo en aguas de EEUU han subido otra vez en la década pasada, con 134 incidentes en sñlo 2008. Los léderes ambientalistas estãn preocupados a causa de esto ya que si los planes de la administraciñn Bush de expandir la büsqueda de petrñleo en el litoral no son cancelados por Presidente Obama, los derrames de petrñleo en aguas norteamericanas podréan seguir siendo un hecho triste de la vida nacional.

CONTACTOS: NOAA Office of Response and Restoration; U.S. EPA Oil Pollution Act Overview.


Querido DiãlogoEcolñgico: Estoy segura que hay muchas buenas razones ambientales para construir un jardén de tejado. éPueden aclarar ustedes? Y también querréa saber cñmo podréa crear uno y si algunos municipios quizãs ofrezcan estémulos a este fin.

—Linda, a través de email

Los techos verdes están ganando popularidad. Los norteamericanos agregaron unos 3,1 millones de pies cuadrados en techos verdes a sus edificios solamente en 2008­un aumento del 35 por ciento desde 2007. Imagen: un jardín de tejado en el distrito de Pine Market, en Seattle.
© Ruth Rogers, courtesy Flickr

Hay verdaderamente muchas razones buenas para construir un jardén de tejado, o un llamado “techo verde” —por el cual diversas capas de tierra y plantas encima de hogares y edificios proporcionan una gama de “servicios” ambientales para el espacio vital debajo, asé como para el ecosistema circundante. A diferencia de techos tradicionales, los techos verdes prosperan en (y filtran) la precipitaciñn, disminuyendo la cantidad de escurrimientos contaminados que se desplazan a nuestras véas acuãticas. Y gracias al proceso de fotoséntesis, las plantas crean oxégeno, limpian el aire y absorben biñxido de carbono antes que entre a la atmñsfera y añada otro insulto a nuestros problemas de calentamiento climãtico.

Los techos verdes también proporcionan aislamiento: Todas esas capas de material orgãnico ayudan a mantener una estructura caliente en invierno y fresca en el verano, y ayuda a reducir el uso de energéa y sus costos. Se sabe que los pãjaros migratorios y otra fauna han adoptado los techos verdes, especialmente en ãreas urbanas donde las opciones naturales de hãbitat son limitadas. Igualmente, los dueños de casa y residentes en edificios tienden a ver sus techos verdes como oasis de paz y tranquilidad en ambientes urbanos que de otro modo seréan ruidosos y llenos de concreto.

Segün Green Roofs for Healthy Cities [Techos Verdes para Ciudades Sanas], una asociaciñn industrial no lucrativa, los techos verdes gozan de una popularidad cada vez mayor. Los norteamericanos agregaron unos 3,1 millones de pies cuadrados en techos verdes a sus edificios solamente en 2008—un aumento del 35 por ciento desde 2007. Una parte del incremento puede ser atribuida a la comprensiñn creciente de los beneficios de los techos verdes entre planificadores urbanos, propietarios de edificios y constructores, y propietarios, todos los que han presionado a las autoridades para formular poléticas que aligeren los dolores de cabeza relacionados con la zonificaciñn y permitir tales proyectos beneficiosos.

Chicago ahora ostenta unos 535.000 pies cuadrados de techos verdes—el mãximo en Norteamérica. Otras coidades léderes en el movimiento de techos verdes incluyen Washington, DC, la Ciudad de Nueva York, Filadelfia

, Baltimore, Montreal, y Vancouver, Columbia Inglesa. Docenas de ciudades mãs pequeñas también han abrazado la idea de techos verdes. Grand Rapids, Michigan se jacta de unos 75.000 pies cuadrados, y Princeton, Nueva Jersey y Newtown Square, Pensilvania también acogen unos 50.000 pies cuadrados a través de toda la ciudad. Hacer indagaciones en la municipalidad es la mejor manera de ver si su ciudad o pueblo ofrece estémulos para crear un techo verde o “verdear” uno ordinario.

Ayuda para los costos de instalaciñn de un techo verde quizãs esté por llegar a través del gobierno federal. Como parte de la ley de Estémulo de Energéa Ecolñgica y Seguridad de Inversiñn que ella originñ anteriormente este año, la Senadora norteamericana Maria Cantwell (D-WA) sugiere que los duenñs de propiedad residencial y comercial que instalan techos verdes o mejoren techos existentes puedan recuperar el 30 por ciento de sus costos por medio de un crédito de los impuestos federales.

Los interesados en el bricolaje encontrarãn un tesoro de informaciñn sobre cñmo crear e instalar un techo verde en el sitio web Greenroofs.com. La guéa buscable del sitio a base de palabras claves ofrece enlaces a muchos fabricantes de juegos que hacen la instalciñn de su propio techo verde un asunto sencillo, asé como instaladores profesionales por toda Norteamérica, ademãs de grupos que laboran en asuntos urbanos ecolñgicos.

CONTACTOS: Green Roofs for Healthy Cities; Clean Energy Stimulus and Investment Assurance Act; Greenroofs.com.

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