Semana del 31/1/10

Querido DiãlogoEcolñgico: éCuãles son las principales preocupaciones ambientales después del terremoto en Haité?

—Frank Dover, Portland, OR

Como seréa el caso después de cualquier desastre natural, las enfermedades acarreadas por el agua podréan proliferar en forma desenfrenada y las sustancias quémicas y el petrñleo podréa escaparse de instalaciones de almacenaje dañadas a consecuencia de la magnitud 7,0 del sismo que destruyñ casi todo Haité el 12 de enero. Sorprendentemente, no se ha encontrado ningün derrame grande durante los esfuerzos iniciales de rescate tras el temblor, pero por supuesto el foco ha estado en salvar vidas humanas y restaurar el orden civil.

Segün el Programa del Medio Ambiente de Naciones Unidas (UNEP), el problema mãs grande son los escombros de la construcciñn; un 40 al 50 por ciento de los edificios se cayeron en Port-au-Prince y sus pueblos vecinos. “Miles de edificios llegan a ser de repente escombros y esto agobia la capacidad de tratamiento de desechos,” dice Muralee Thummarukudy de UNEP, que dirige los esfuerzos de reunir desecho para su reuso en proyectos de reedificaciñn.

Aün antes del temblor Haité tenéa problemas ambientales mayores. La tala intensiva de ãrboles que se inicia en los años cincuenta redujo la cobertura de bosque de Haité del 60 por ciento a menos del dos por ciento hoy. Esta falta de ãrboles causa problemas inmensos de erosiñn de tierra, amenazando tanto alimentos como limpias fuentes de agua para multitudes de personas hambrientas y sedientas. “Si usted tiene cobertura de bosque, cuãndo se presenta un aguacero fuerte no se erosiona la tierra,” informa Asif Zaidi de UNEP. “No tiene como resultado crecidas”. El agrega que, debido a su falta de cobertura forestal, Haité sufre mucho mãs durante huracanes que la Repüblica Dominicana vecina.

Aun antes del terremoto Haití tenía problemas económicos y ambientales inmensos. La deforestación intensiva que comenzó en los años 50 ha reducido la cubierta forestal de Haití de 60 por ciento a menos de dos por ciento en la actualidad. Esta falta de árboles causa enormes problemas de erosión de suelos, amenazando fuentes de agua y comida para multitudes de gente hambrienta y sedienta. El temblor solamente ha exacerbado los problemas en este país de 9,7 millones de habitantes que es el más pobre del Hemisferio Occidental.
© Remi Kaupp, Wikipedia

Agravando estos insultos ecolñgicos estã también la rãpida poblaciñn creciente de Haité, que ahora llega a 9,7 millones y que estã creciendo al 2,5 por ciento por año. Esto ha empujado a millones de haitianos a ãreas marginales como tierras inundadas y a terrenos que de otro modo podréan ser utilizados provechosamente. “La mayoréa de las ãreas fértiles a menudo se utiliza para barriadas, mientras que laderas y paisajes empinados se utilizan para la agricultura,” informa Beth Cypser de USAID. Los problemas resultantes de sanidad han elevado los casos de disenteréa, malaria y tuberculosis resistente a drogas entre la poblaciñn indigente de Haité. Playas llenas de basura, véas navegables malolientes, enjambres de peces muertos y toneladas de escombros flotantes atestiguan los problemas de contaminaciñn del agua de Haité—ahora exacerbados por el sismo.

“Necesitamos…crear mecanismos que refuerzan el mejor uso de recursos naturales,” dice Zaidi de UNEP. Antes del temblor, UNEP se habéa comprometido a un proyecto de dos años para para restaurar los bosques de Haité, los arrecifes de coral y otros sistemas naturales comprometidos por los problemas econñmicos de la isla. Proporcionar accesso al propano para favorecer un cambio de las cocinas a carbñn es un objetivo inmediato. A mãs largo plazo, UNEP espera que el programa ayude a recomenzar los esfuerzos de repoblaciñn forestal e inversiones en la infraestructura renovable de energéa allé.

Quizãs la perspectiva consoladora del sismo en Haité es el hecho que millones de personas alrededor del mundo ahora saben acerca de las angustias y apremios de la gente y el medio ambiente del paés, y los donativos han comenzado a entrar a raudales. Cualquiera persona interesada en respaldar las operaciones de auxilio en Haité puede enviar un mensaje de texto que detone un pequeño donativo a la Cruz Roja norteamericana (texte “HAITI” a 90999 y $10 serãn donados y añadidos a su prñxima cuenta del teléfono). Los concernidos acerca del agua potable limpia deben donar especéficamente al World Water Relief , una organizaci_ñn no lucrativa que se especializa en la instalaciñn de sistemas de filtraciñn de agua en Haité y otras ãreas azotadas por desastres del mundo.

CONTACTOS: USAID; UNEP; American Red Cross; World Water Relief.


Querido DiãlogoEcolñgico: Todos hemos oédo acerca de la comida infernal que se sirve en prisiñn, asé como del valor econñmico, nutricional e incluso terapéutico de cultivar nuestros propios alimentos. éHay algün programa agrécola o de huertas en las prisiones de EEUU?

—Jerry Mullins, Tennessee Colony, TX

Varias prisiones en los EE.UU. y Canadá están abrazando la noción de interesar a los presos en la producción de alimentos en la cárcel misma. Los proponentes dicen que los reclusos que participan tienen una tasa mucho más baja de recidivismo una vez que retornan a la vida fuera de la prisión y tienden a adoptar maneras de vivir más sanas y constructivas. Imagen: Un preso trabaja en el jardín del Centro Correccional McNeil Island cerca de Steilacoom, Washington.
© McNeil Island Corrections Center

Aunque no hay un programa por todo el paés que administre programas de agricultura de prisiñn, varias prisiones individuales a través del paés estãn abrazando la nociñn de involucrar a los presos en la producciñn local de alimento e investigaciñn agrécola. Segün Howard Clinebill, un PhD que ha escrito extensamente acerca de la psicologéa ambiental, los jardines de prisiñn ofrecen a las personas que buscan cambiar sus vidas un lugar para conectarse de nuevo con sus ritmos naturales, conseguir ejercicio sano al aire libre, trabajar cooperativamente con otros y cuidar de la Tierra en una manera respetuosa.

Quizãs el mejor proyecto conocido de jardén de prisiñn en EEUU estã en la Cãrcel del Condado de San Francisco en San Bruno, California, donde los presos han estado trabajando constantemente desde mediados de los años ochenta para quitar malezas y escombros de unos ocho acres “dentro del cerco” y reemplazarlos con verduras frescas—algunas de las cuales aparecen en comidas de prisiñn mientras otras son donadas a bancos necesitados de alimento, poblaciones, y centros de ancianos. Segün el coordinador del programa, Catherine Sneed, que inaugurñ el proyecto, los presos participantes aprenden no sñlo habilidades prãcticas sino que también terminan comunicãndose mejor y resolviendo disputas amistosamente.

“Cada persona se hace cargo de plantas especéficas y aprende, al mirarlas crecer, la naturaleza verdadera de esta vida: el crecimiento, la renovaciñn y la perseverancia,” informa Sneed. “De alguna manera, durante el tiempo que se pasa trabajando calladamente la Tierra, algo sucede y algo cambia. Presenciar el ciclo de crecimiento y renovaciñn permite a los presos ver su propio potencial de crecimiento y cambio”. Ella agrega que los "graduados" del programa tienen una tasa mucho mãs baja de nuevas ofensas una vez que han servido sus sentencias y regresan a la vida afuera.

Mãs al norte, en el Centro Correccional de la Isla McNeil del Estado de Washington, un equipo de estudiantes del Colegio cercano Evergreen College ha estado trabajando con presos por los ültimos dos años para convertir un trozo de acre de pasto en un campo de tomates orgãnicos, pim

ientas, calabazas y otros vegetales utilizados por la cocina de la prisiñn para comidas. Una pequeña unidad local de abonamiento mantiene la tierra sana. Los presos manejan el jardén de la Isla de McNeil como parte de su asignaciñn de trabajo en el personal hortécola de la prisiñn, y se planea expandir la superficie de cultivo en una campito vecino durante el año venidero.

Mientras tanto, en la provincia de Columbia Britãnica de Canadã, un proyecto piloto en Matsqui, una prisiñn de mujeres federal cerca de Vancouver, ha tenido éxito en enseñar una ética de atenciñn esmerada hacia la tierra, el respeto a los procesos naturales, y un sentido de logro. Las reclusas trabajaron con arquitectos paisajistas para desarrollar un plan maestro y a continuaciñn aplicaron sus diseños con plantas ornamentales y de alimentaciñn. “El jardén es un ambiente de aprendizaje que permite a la gente ir mãs despacio, escuchar, mirar, y aprender en muchos niveles,” informa el arquitecto paisajista Tracy Penner de la Universidad de Columbia Britãnica, que ayudñ a lanzar y continüa trabajando con el programa Matsqui. “Cuando se ponen en libertad, estos jardineros tienen mãs exito integrãndose en la sociedad
con la capacidad de crecer y adoptar estilos de vida mãs sanos y mãs constructivos”.

CONTACTOS: San Francisco County Jail; McNeil Island Corrections Center.

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