Semana del 21/05/2006

Querido DiãlogoEcolñgico: éPodréan explicar ustedes el movimiento “Cero Desperdicio” en Europa, Australia y otras partes que trata de ir mãs allã del reciclaje para reducir el desperdicio? éCñmo lo podemos poner en prãctica aqué en los Estados Unidos?

—Neil Weiss, Methuen, Mass.

En esencia, “Cero Desperdicio” es un principio de diseño llevado a escala mayor, segün el cual los productos son concebidos, producidos, empaquetados, distribuédos y retirados de servicio siempre teniendo en cuenta sus impactos ambientales a largo plazo. De acuerdo a la organizaciñn sin fines de lucro Redes Locales de Reciclaje (GrassRoots Recycling Network [GRRN]), “Cero desperdicio maximiza el reciclado, minimiza el desperdicio, reduce el consumo y asegura que los productos sean hechos para ser reusados, reparados o reciclados de vuelta a la naturaleza o el mercado”. GRRN estã tratando de convencer al sector comercial para que asuma responsabilidad por el ciclo de vida completo de sus productos y envases, y a los gobiernos para que no subvencionen el procesamiento de desperdicios no reciclables.

“El desperdicio ocurre como resultado del mal diseño”, señala Eric Lombardi de EcoCycle, un reciclador de Boulder, Colorado. “El concepto de cero desperdicio conduce a la raéz del problema en el tablero mismo de diseño, donde el desperdicio tiene que ser eliminado”. Lombardi, uno de las figuras mãs respetadas del incipiente movimiento “cero desperdicio” de los Estados Unidos, avanza cuatro principios bãsicos para lograr cero desperdicio: (1) Hacer responsable a los productores del desperdicio creado por sus productos; (2) invertir en infraestructura en vez de mãs basurales e incineradores; (3) terminar con los subsidios a industrias ineficientes y contaminantes; y (4) crear empleos y nuevos negocios alrededor del reuso de desechos.

Aunque el concepto no ha hecho rãpidos avances acã, el mismo ha sido prãctica normal en partes de Europa y otros puntos por mãs de una década. En efecto, alrededor de 25 paéses requieren ya que las compañéas acepten sus envases y empaques de vuelta, y algunos han incluso adoptado leyes “de Responsabilidad Extendida del Productor”, segün las cuales las compañéas deben pagar por el desperdicio generado en la producciñn, empaque y distribuciñn de sus productos.

En Alemania, un reglamento de 1991 concebido con el objeto de neutralizar lo mãs posible los desperdicios causados por los empaques constituyñ un gran éxito. Hacia el 2000, las agencias encargadas de recoger y reciclar tales materiales estaban recobrando mãs de 90 por ciento de los plãsticos y vidrio usado en los envases alemanes. (En los Estados Unidos reclamamos 5,3 y 26 por ciento respectivamente.) Otra historia de éxito proviene de Australia, donde su capital, Canberra, se embarcñ en una campaña de “No Desperdicios Para 2010” en 1996. Para 2001, la ciudad habéa ya logrado reducir el desperdicio enviado a los basurales en un 40 por ciento y mãs de doblado la cantidad de desechos capturados para reuso. La ciudad también comenzñ a alimentar dos de sus plantas de energéa con gas metano recapturado en sus basurales, el que es lo suficientemente abundante como para proveer electricidad a 3.000 hogares por 30 años.

En los Estados Unidos, la industria privada ha obstaculizado continuamente toda consideraciñn seria de adoptar iniciativas similares al nivel federal. Sin embargo, segün la Zero Waste International Alliance (Alianza Internacional de Cero Desperdicios), al menos 18 comunidades locales han decidido adoptar por su cuenta sus propias estrategias para lograr cero desechos. Ellas incluyen una docena de ciudades y pueblos en California; los condados de Boulder y Summit en Colorado; Carrboro, Carolina del Norte; el Distrito Central de Manejos de Desechos de Vermont; y las ciudades de Seattle y Nueva York.

“El concepto de Cero Desperdicio consiste en desafiar el paradigma dominante que dice que podemos manejar los desperdicios en forma segura en los basurales e incineradores”, señala el coordinador nacional de GRRN, Bill Sheehan. La GRRN ayuda a coordinar esfuerzos para implementar campañas de cero desperdicio en los Estados Unidos, y ofrece una cantidad de recursos gratuitos en su website.

CONTACTOS: GrassRoots Recycling Network, www.grrn.org; EcoCycle, www.ecocycle.org; Zero Waste International Alliance, www.zwia.org.


Querido DiãlogoEcolñgico: éCñmo es posible que pudiese haber algün déa una “escasez de agua”? éNo es el agua el elemento mãs abundante en la tierra?

—Chris Carroll, Austin, TX

Las aguas oceãnicas cubren mãs de 70 por ciento de la superficie del planeta, pero la gente que necesita agua tiene que depender de cantidades finitas de agua dulce para sobrevivir. Y con la explosiñn de poblaciñn humana, especialmente en paéses pobres, muchas de estas aguas estãn ya asignadas. Ademãs, en lugares sin sanidad adecuada, el agua de beber tiende a ser contaminada por un gran nümero de enfermedades y parãsitos.

Segün el Banco Mundial, se cree que hasta dos billones de personas carecen todavéa de instalaciones sanitarias capaces de protegerlas de enfermedades llevadas por el agua, mientras que un billñn no tienen acceso a agua limpia de ningün tipo. En la opiniñn de las Naciones Unidas, que ha declarado 2005—2015 la década del “Agua para la Vida”, 95 por ciento de las ciudades del mundo todavéa descargan aguas residuales en sus suministros de agua bebible. Asé no deberéa sorprender a nadie que 80 por ciento de las dolencias encontradas en paéses en desarrollo pueden a menudo conectarse con aguas contaminadas.

Sandra Postel, autora del libro de 1998 Last Oasis: Facing Water Scarcity (El Ultimo Oasis: Enfrentando la Escasez de Agua), vaticina enormes problemas de disponibilidad de agua a medida que la poblaciñn de paéses con déficits de agua se sextuplique quizãs en los prñximos 30 años. “Esto implica un montñn de problemas relacionados con el agua y la agricultura, la provisiñn suficiente de alimentos, la satisfacciñn de todas las necesidades materiales que la gente demanda cuando sus ingresos se expanden, y el suministro de agua bebible”, dice Postel.

Los paéses desarrollados no estãn tampoco immunes a los problemas de agua dulce. Los investigadores han encontrado que en EE.UU. el uso del agua ha aumentado seis veces aunque la poblaciñn solamente se ha doblado desde el año 1900. Tal tendencia refleja la conexiñn entre los estãndares mãs altos de vida y el uso mãs intenso de agua, subrayando la necesidad del manejo y usos mãs sostenibles de los suministros de agua incluso en las sociedades desarrolladas.

Con la poblaciñn del planeta proyectada a exceder nueve billones a mitad de siglo, las soluciones a la esc

asez de agua no se presentarãn fãcilmente. Algunos han sugerido que la tecnologéa—por ejemplo plantas de desalinaciñn de gran escala—podréa generar mãs agua dulce para el consumo mundial. Pero los ambientalistas señalan que reducir el agua salada no constituye una respuesta real a la crisis y que esto solamente crearã otros enormes problemas. En todo caso, labores de investigaciñn y desarrollo se estãn llevando a cabo, especialmente en la Arabia Saudita, israel y Japñn. Y ya existen mãs de 11.000 plantas de desalinaciñn en unos 120 paéses alrededor del mundo.

Otros opinan que sencillamente aplicando los principios del mercado al agua facilitaréa una distribuciñn mãs eficiente de los suministros en todas partes. Analistas con el Harvard Middle East Water Project [Proyecto Harvard del Medio Oriente], por ejemplo, endorsan asignar valor monetario al agua dulce, en vez de considerarla una mercancéa natural gratuita. Dicen los mismos que tal enfoque ayudaréa a mitigar las tensiones poléticas y de seguridad causadas por la escasez de agua.

Como individuos, todos nosotros podemos restringir nuestro propio uso de agua para ayudar a conservar lo que se estã convirtiendo en un recurso cada vez mãs precioso. Podemos, por ejemplo, posponer regar nuestros céspedes en tiempos de sequéa. Y cuando llueve, podréamos recoger agua de canaletas en barriles para alimentar mangueras de jardén y rociadores. Asimismo, podemos cerrar la llave del agua mientras nos lavamos los dientes o nos afeitamos, y tomar duchas mãs cortas. Como concluye Sandra Postel, “Hacer mãs con menos es el primer y mãs fãcil paso en el camino a la seguridad con respecto al agua”.

CONTACTOS: United Nations Water For Life Decade, www.un.org/waterforlifedecade.

Animal Rights National Conference 2018