Semana del 25/02/2007

Querido DiãlogoEcolñgico: éQué estãn haciendo las cadenas de comidas rãpidas para reducir—o al menos reciclar—la enorme cantidad de papel, plãstico y espumilla que usan diariamente? éExisten leyes o reglamentos que las obliguen a ser buenos ciudadanos ambientales?

—Carol Endres, Stroud Township, PA

Actualmente no hay leyes federales ni reglamentos en los Estados Unidos especéficamente enfilados a las cadenas de comidas rãpidas para reducir, reusar o reciclar sus desperdicios. Todo tipo de negocios deben obedecer sin embargo las leyes locales con respecto a lo que se debe reciclar o descardar.Y un nümero pequeño de ciudades y pueblos tienen leyes locales especéficamente diseñadas para obligar a los negocios a hacer lo debido, pero éstas son poco comunes.

No obstante lo anterior, han ocurrido algunos avances en el negocio de comidas rãpidas con respecto a los materiales de envase y la reducciñn de desechos, pero todo esto ha sido voluntario y a menudo bajo presiñn de grupos ambientalistas. McDonald’s saltñ a los titulares en 1989 cuando, urgida por los ambientalistas, cambiñ su envase de hamburguesas de espuma de poliestireno no reciclable a envoltorios reciclables de papel y cajitas de cartñn. La firma también reemplazñ sus bolsas de papel blanqueadas con bolsas no blanqueadas e hizo otros avances ecolñgicos en el campo de empaquetaduras.

Tanto McDonald’s como PepsiCo (dueña de TacoBell y KFC) han elaborado normas internas para resolver preocupaciones ecolñgicas. PepsiCo declara que apoya "la conservaciñn de recursos naturales, el reciclaje, y el control de la poluciñn para asegurar un aire y agua mãs limpios y reducir los desperdicios que paran en los basurales", pero no elabora sobre las acciones especéficas que toma.

McDonald’s hace declaraciones generales parecidas y asegura que estã "trabajando seriamente para convertir los aceites de cocina usados en biocombustibles para el transporte vehicular, calefacciñn y otros usos", a la vez de otros programas de reciclaje en los negocios mismos de papel, cartulinas, contenedores de entrega y palés en Australia, Suecia, Japñn, y el Reino Unido. En Canadã la compañéa asegura que es "el mãs importante utilizador de papel reciclado en nuestra industria" para bandejitas, cajas, bolsas de acarreo y contenedores de bebidas.

Algunas cadenas mãs pequeñas de comidas rãpidas han recibido alabanzas por sus esfuerzos de reciclado. La firma eegee de Arizona, por ejemplo, ganñ un Premio de Administraciñn de la Agencia de Protecciñn Ambiental (EPA) de EUA por reciclar todos sus items de papel, cartulinas, y poliestireno a través de toda su red de 21 tiendas. Ademãs de la atenciñn positiva que ha generado, la campaña de reciclado de la firma también ahorra dinero en materia de gastos mensuales de disposiciñn de basura.

A pesar de tales esfuerzos, sin embargo, la industria de la comida rãpida es aün un gran generadore de desperdicios. Algunas comunidades estãn respondiendo con la imposiciñn de reglamentos que obligan a reciclar donde sea necesario. Seattle, Washington, por ejemplo, aprobñ una ordenanza en 2005 que prohibe a los negocios (todos los negocios no solamente los restaurantes) botar papeles reciclables o cartones, aunque las violaciones cuestan solamente una multa nominal de $50 dñlares.

Quizãs los legisladores de EUA y de otras partes podréan aprender una lecciñn de Taiwãn, que desde 2004 ha requerido sus 600 restaurantes de comida rãpida, incluyendo McDonald"s, Burger King, y KFC, mantener instalaciones para la disposiciñn correcta de reciclables por sus clientes. Los comensales deben depositar su basura en cuatro contenedores distintos para sobras de comida, papel reciclable, desperdicios normales, y léquidos. "Los patrones solamente pierden menos de un minuto en completar su clasificaciñn de desperdicios", señalñ el administrador de protecciñn ambiental Hau Lung-bin al anunciar el programa. Los restaurantes que no cumplen encaran multas de hasta $8.700 dñlares.

CONTACTOS: eegee"s; Taipei Times, "Restaurants set the new recycling trend”


Querido DiãlogoEcolñgico: éCuales son los pros y contras ambientales de abrazar "biocombustibles" basados en plantas para reducir nuestra dependencia en el petrñleo?

—Jim Dand, Somerville, MA

Hay muchos beneficios ecolñgicos en el reemplazo del petrñleo con biocombustibles como el etanol y el biodésel. Primero, puesto que tales combustibles son derivados de cosechas agrécolas, son inherentemente renovables—y nuestros agricultores tipicamente los producen en casa, reduciendo asé nuestra dependencia en fuentes extranjeras de petrñleo inestables. Ademãs, el etanol y el biodésel emiten mucho menos poluciñn particulada que los combustibles tradicionales como la gasolina y el diesel derivados del petrñleo. Mãs aün, estos no contribuyen al calentamiento global, ya que solamente emiten al ambiente el diñxido de carbono (CO2) que sus plantas originales absorbieron de la atmñsfera en primer lugar.

Y a diferencia de otras formas de energéa renovable (como hidrñgeno, solar o viento), los biocombustibles representan una transiciñn fãcil para la gente y los negocios sin necesidad de aparatos especiales, cambios de vehéculo o de infraestructura de calefacciñn de casa—se puede llenar el tanque de un auto, camiñn, o de gasoleo doméstico sin mayores modificaciones. Los que buscan reemplazar la gasolina con el etanol en sus coches, deben tener, sin embargo, un modelo a "combustible flexible" permitiéndoles operar con ambas opciones. Por otro lado, la mayoréa de los motores diesel pueden consumir biocombustible tan fãcilmente como el diesel normal.

A pesar de estas ventajas, los expertos señalan que los biocumbustibles estãn lejos de ser una cura a nuestra adiciñn al petrñleo. Un cambio estructural profundo al nivel social de la gasolina a los biocombustibles, dado el nümero de autos a gasolina exclusiva, y la falta de estaciones de servicio con bombas de etanol o biodésel, tomaréa algün tiempo.

Otro obstãculo mayor a la adopciñn general de biocombustibles es el problema de cultivar suficientes cosechas para satisfacer la demanda, ya que algunos escépticos señalan que podréa requerir convertir casi todos los bosques restantes del mundo y los espacios abiertos a terrenos de cultivo. "Reemplazar solamente cinco por ciento del consumo diesel de la naciñn con biodésel obligaréa asignar aproximadamente 60 por ciento de las cosechas de soja a la producciñn de biodésel" señala Matthew Brown, un consultor sobre energéa y anteriormente director de programas de energéa de la Conferencia Nacional de Asambleas de Estados. &quot

;Eso no es muy buena noticia para los que aman el tofu".

Otra nube negra que flota sobre los biocombustibles es si producirlos requiere mãs energéa que lo que pueden generar. Después de computar la energéa requerida para cultivar cosechas y después convertirlas en biocombustibles, el investigador de la Universidad de Cornell David Pimentel concluye que las cifras no hacen sentido. Su estudio de 2005 demostrñ que producir etanol del maéz requeréa 29 por ciento mãs energéa que lo que podréa general el producto final mismo. Encontrñ cifras igualmente inquietantes en la fabricaciñn de biodésel con las habas de soja. "No hay beneficio alguno en cuestiñn de energéa al usar la biomasa vegetal para hacer combustible léquido", declara Pimentel.

La verdad es que no hay manera fãcil de liberarse de la adicciñn a los combustibles fñsiles, y el futuro verã probablemente una combinaciñn de modalidades—de viento a corrientes marinas, hidrñgeno, solar, y, sé, inclusive algunos biocombustibles—satisfaciendo nuestras necesidades energéticas. El "elefante en el salñn de estar", sin embargo, que se ignora a menudo al considerar opciones energéticas es la dura realidad que debemos reducir nuestro consumo, no solamente reemplazarlo con alguna otra cosa. En efecto, la conservaciñn es probablemente el "combustible alternativo" mãs importante que tenemos a mano.

CONTACTOS: Ecology Center Biofuel Factsheet; Earth911 Energy Conservation Factsheet

Animal Rights National Conference 2018