Semana del 2/5/10

Querido DiãlogoEcolñgico: éQué maderas es aceptable comprar, y cuãles no, con el fin de preservar los bosques y no dañar los que dependen de ellos?

—Jon Steiner, Boise, ID

La deforestaciñn continüa siendo uno de los problemas ambientales mãs grandes del mundo, especialmente en regiones de desarrollo rãpido como Sudamérica, Asia sudeste y Africa. Cortando grandes cantidades de ãrboles erosiona la tierra y obstruye las véas navegables, desplaza pueblos indégenas y fauna, y suelta toneladas de biñxido de carbono (que es almacenado en la fibra viviente de la madera) en la atmñsfera, contribuyendo al calentamiento climãtico.

Por supuesto, los productos de madera son esenciales en la vida moderna. Sin madera no tendréamos los edificios, muebles, papeles y otras cosas esenciales que utilizamos cada déa. Por eso proteger las fuentes de madera no se ha convertido solamente en una preocupaciñn seria de ecologistas sino de otros también.

En respuesta a los problemas forjados por el aumento del nivel de deforestaciñn, algunos profesionales progresistas de la industria maderera se asociaron con ecologistas, defensores de pueblos indégenas, grupos comunitarios de silvicultura y corporaciones responsables para formar el Forest Stewardship Council (FSC) en 1993. Las tentativas anteriores de detener la marea de desforestaciñn descontrolada—inclusive negociaciones y boicots internacionales—estaba teniendo poco efecto, de modo que el FSC prometiñ utilizar el poder de las fuerzas del mercado para mejorar la situaciñn.

Ya sea Ud. esté buscando materiales de construcción, muebles de madera, u otros artículos, la manera más fácil de ver si la madera que está considerando fue cosechada de fuentes sostenibles es sencillamente buscar la etiqueta de FSC (Consejo de Defensa de los Bosques).
© Giles Douglas, courtesy Flickr

El FSC promueve la gestiñn responsable de los bosques mediante la certificaciñn de operaciones de silvicultura alrededor del globo y la promociñn de su sistema de certificaciñn en cada paso de la cadena de distribuciñn de estos productos. No importa si se trata de compras de muebles de madera, materiales de construcciñn u otros artéculos, una manera fãcil de constatar si la madera que usted estã considerando comprar fue cosechada de fuentes sostenibles es buscar la etiqueta de FSC en ella o sus embalados. Si estã ahé, Ud. puede fiarse de que tales productos fueron cosechados sosteniblemente y no contribuyen a penurias causadas por la deforestaciñn. Si usted no ve el logo de FSC, deberéa preguntar de dñnde proviene la madera y si o no fue cosechada sosteniblemente.

El Natural Resources Defense Council (NRDC) [Consejo de Defensa de Recursos Naturales] advierte a consumidores que deben evitar comprar algunas maderas duras tropicales a menos que puedan recibir garantéas de que provienen de operaciones sostenibles de silvicultura. Muchos de estas maderas—inclusive la Caoba de Gran Hoja, el Cedro español, el Pino caribeño, Ipe, Rosewood, la Teca, Ramin, Merbau, Caoba africana, y Okoume—son difécil de manejar sosteniblemente ya que crecen tépicamente en densidades bajas en bosques naturales y se reponen mal después del talaje. Algunas maderas y productos de madera pueden contener madera certificada por el FSC, mientras que otras maderas pueden ser aceptables sin haber pasado por el proceso de certificaciñn. Si usted no ve el logo de FSC, deberéa preguntar. Si el vendedor de la tienda no puede proporcionar informaciñn, entonces no se puede tener certeza.

Aün mejor que comprar madera nueva sosteniblemente cosechada es buscar madera recuperada o salvada, ya que esto excluye la necesidad de talar ãrboles en general. Un beneficio adicional de la utilizaciñn de la madera recuperada o salvada—büsquela en almacenes de materiales de construcciñn o en sitios de construcciñn donde se botan—es que proporciona estémulo para los programas municipales de reciclaje. El NRDC sugiere que si Ud. no puede adquirir madera ya usada, deberéa considerar madera plãstica reciclada, o compuestos, si éstas sirven a su proyecto.

CONTACTOS: Forest Stewardship Council (FSC); NRDC.


Querido DiãlogoEcolñgico: Ha habido muchos informes contradictorios (“fue bueno; fue malo”) acerca de lo que aconteciñ durante “COP 15,” la Conferencia Internacional de Cambio de Clima de diciembre 2009, que tuvo lugar en Copenhague. éPueden Uds. aclarar la cuestiñn?

—Jay Killian, Brookline, MA

Había much esperanza que los negociadores internacionales en Copenhague en diciembre pasado pudiesen lograr un fuerte convenio que tomase el toro del cambio climático por las astas y comenzase a controlar las emisiones mundiales de carbón. Pero un nuevo acuerdo formal no estaba en las cartas.
© Getty Images

En realidad existéan grandes esperanzas de que los negociadores internacionales en Copenhague el mes de diciembre pasado en la Decimoquinta Conferencia Anual de Grupos Miembros (COP15) para la Convenciñn de las Naciones Unidas Sobre Cambio del Clima (UNFCCC) podréan lograr un acuerdo fuerte que, de una vez por todas, pudiese tomar al toro por las astas y comenzar a domar las emisiones de carbñn mundiales. Pero un nuevo acuerdo firme y obligatorio no estaba en las cartas, en su mayor parte debido a conflictos de prioridades entre los paéses participantes.

Incluso un “esquema voluntario” mãs debil presentado a la hora undécima por EEUU, China, India, Brasil y Sudãfrica no pudo lograr consenso entre los 119 jefes de estado que asistieron. Sin embargo, el resultante Acuerdo de Copenhague—que se propone mantener temperaturas globales que no alcancen mãs de 2°C (3,6° F) por encima de los niveles de tiempos preindustriales—dejñ la puerta abierta para un acuerdo mãs fuerte mãs tarde, con los paéses en desarrollo prometiendo una suma de $30 mil millones a corto plazo y $100 mil millones para el año 2020, principalmente para asistir a las naciones menos desarrolladas a adoptar poléticas y tecnologéas que apoyaran en el futuro las huellas de carbñn mãs pequeñas.

“Este acuerdo puede que no responda a las esperanzas de todos, pero constituye un principio esencial,” informa el Secretario General de la ONU Ban Ki-Luna. “El problema es que el Acuerdo no obliga legalmente a nadie y no avanza ningün plan sobre cñmo limitar las emisiones,” dice el climatñlogo Mark Maslin del Instituto del Ambiente con el University College de Londres indicando que el texto original que llevñ a la reuniñn requeréa una reducciñn global en emisiones del 50 por ciento para 2050, incluyendo una reducciñn del 80 por ciento por parte de todos los paéses desarrollados.

La falta de detalle en el Acuerdo resultante con respecto a objetivos especéficos sobre reducciones de emisiones significa que la cooperaciñn es completamente voluntaria, que no es lo qué los ecologistas queréan oér. “El Acuerdo debe ser visto simplemente como un convenio para salvar las apariencias,” comenta Maslin. “La polética es clara: Algunos de los paéses desarrollados y algunos de los paéses mãs ricos en desarrollo resistieron la convocatoria a lémites legales de emisiones”.

El fracaso de COP15 para generar un convenio obligatorio significa que la polética internacional probablemente va a tomar segundo plano en el esfuerzo de desligar a la humanidad de los hidrocarburos y las emisiones prohibitivas de carbñn. Chris Flavin d

el Instituto Worldwatch basado en EEUU cree que el futuro progreso sobre el clima “serã propulsado mãs por economéa y polética domésticas que por el proceso de negociaciones internacionales”.

Flavin agrega que la mitigaciñn del cambio climãtico dependerã de la capacidad individual de diversas naciones de “persuadir sus constituyentes domésticos que ellos se beneficiarãn econñmicamente asé como ambientalmente con una transiciñn a otro tipo de energéa”. Añade que futuras conversaciones sobre el clima de la ONU no deben enfocar acuerdos super ambiciosos sino objetivos prãcticos, como proporcionar fondos a paéses pobres para que éstos puedan mitigar y adaptarse al cambio climatérico, acelerar la cooperaciñn internacional en la tecnologéa, y coordinar el esfuerzo global para proteger los bosques restantes de mundo dada su capacidad de almacenar cantidades grandes de carbñn. “Los esfuerzos de los prñximos pocos años determinarãn si Copenhague fue un revés fatal para los esfuerzos de combatir el cambio de clima, o sñlo una correcciñn dolorosa a mitad de camino,” concluye Flavin.

CONTACTOS: <UNFCCC; Worldwatch Institute.

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