Semana del 12/12/11

© Tammy Green, courtesy Flickr

Querido DiálogoEcológico: ¿He oído del movimiento de alimento lento, pero de qué se trata el “dinero lento?”

— Phil Nimkoff, Nueva York, NY

“Dinero lento” es el nombre de un movimiento iniciado por el pionero inversionista y autor, Woody Tasch, que en esencia se apropió el marco conceptual del “Alimento Lento” —por el cual los participantes evitan la comida rápida de conveniencia, llenando en su lugar sus platos con alimentos tradicionales sin procesar e idealmente localmente producidos—y lo aplican a la finanza e inversión personales. Como tal, Dinero Lento se dedica a conectar inversionistas con sus economías locales haciendo uso de recursos financieros para invertir en pequeñas empresas de alimento y sistemas de alimento locales.

La visión de Tasch para el Dinero Lento, ahora no sólo un concepto sino también una organización sin fines lucrativos, busca nada menos que una revisión completa de la manera en que nosotros pensamos acerca de y gastamos nuestro dinero, dedicando mucho más de el a producir alimentos locales sanos, reforzando las comunidades locales en vez de las multinacionales, y restaurando nuestra lánguida economía en el proceso. En vez de emplear capital de riesgo para financiar nuevas compañías de tecnología avanzada por todos lados, Tasch espera ver “capital de aliento” financiando comerciantes y a productores locales que, a su vez, invierten la mitad de sus ganancias en sus comunidades, asegurando un pequeño círculo virtuoso local que valora la fecundidad del suelo, la capacidad de carga, un sentido de lugar, el cuidado del patrimonio común, la diversidad, la no violencia, y la salud cultural, ecológica y económica tanto como la financiera. Tasch espera alcanzar esa meta persuadiendo un millón de norteamericanos a que inviertan por lo menos un uno por ciento de sus recursos en sistemas locales de alimento para el año 2020.

Tasch comenzó Dinero Lento en noviembre 2008 después de la publicación de su libro, Indagaciones Sobre la Naturaleza del Dinero Lento: Invirtiendo como si el Alimento, las Granjas y la Fecundidad Importaran. Yendo de gira para promover el libro y el movimiento naciente en 2009, pudo atraer 450 inversionistas intrigados, granjeros y otros empresarios a Santa Fe, Nuevo México para intercambiar ideas en una reunión de tres días. “Nosotros sólo queríamos ver quién aparecería, pero cuatro de las pequeñas empresas de alimento que se presentaron aportaron un total de $260,000,” dice Tasch. Tasch entonces organizó otro acontecimiento para unos 600 asistentes el junio siguiente en Shelburne, Vermont. Los inversionistas allí vertieron $4,2 millones en 12 productores más, y eso es cuando Tasch se dio cuenta que realmente había dado con algo. Más de 1.000 personas convergieron en San Francisco para el tercer acontecimiento en octubre 2011, y Tasch espera que, como resultado, cantidades considerables de “capital lento” cambien de mano para el mayor beneficio de la sociedad.

Tenga o no tenga dinero para invertir en círculos virtuosos de Dinero Lento, Ud. puede mostrar su apoyo visitando el sitio web del grupo y firmando electrónicamente los Principios de la organización, una lista de seis creencias centrales compartidas por la comunidad de Dinero Lento. O si tiene sólo $25, usted lo podría estacionar con el Soil Trust de la organización, que proveerá capital inicial a pequeñas empresas de alimento que promueven la fecundidad de la tierra en diversas localidades de costa a costa. Tasch ve el Soil Trust como clave para abrir el concepto de Dinero Lento a todos nosotros y lograr el objetivo del grupo de conseguir que un millón de norteamericanos se involucren en el movimiento en la década próxima.

Otra llave para alcanzar el objetivo de Tasch es el crecimiento de liderazgo a nivel local. A ese fin, una docena capítulos locales autónomos han aparecido por todo el país, con más seguramente en el horizonte una vez que se corra la noticia. Los grupos locales ya han regalado o prestado cientos de miles de dólares a entidades que trabajan para mejorar sus propias “cuencas alimentarias’ comunitarias. Ahora todos tenemos una manera de poner verdaderamente nuestro dinero donde honre nuestros principios.

CONTACTOS: Slow Money.


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Querido DiálogoEcológico: Oí que entre menos carne come uno, mejor es para el ambiente. ¿Cómo así?

— Jason K., Sarasota, FL

Nuestros hábitos de consumo de carne cobran un precio grave en el ambiente. Según el Environmental Working Group [Grupo de Trabajo Ambiental] (EWG), la producción, procesado y distribución de carne requiere inversiones inmensas de pesticidas, abonos, combustibles, y comida y agua, todo lo que a la vez crea gases invernaderos, montañas de estiércol y una gama de sustancias químicas tóxicas en nuestro aire y agua. Un análisis del ciclo vital realizado por EWG que tuvo en cuenta la producción y distribución de 20 productos agrícolas comunes encontró que la carne roja como carne de res y cordero es responsable de 10 a 40 veces la magnitud de emisiones de gas invernadero de verduras y cereales comunes.

El ganado es alimentado típicamente con maíz, harina de soya y otros granos que tienen que ser cultivados primero utilizando grandes cantidades de abono, combustible, pesticidas, agua y tierra. EWG estima que sólo cultivando pienso para ganado en EEUU requiere anualmente 167 millones de libras de pesticida y 17 mil millones de libras de abono nitrogenado a través de unos 149 millones de acres de tierra buena para la agricultura. El proceso engendra cantidades copiosas de óxido nitroso, un gas invernadero 300 veces más poderoso que el bióxido de carbono, mientras se estima que los escapes de metano del ganado—otro gas invernadero poderoso—engendra un 20 por ciento de las emisiones generales de metano de los EEUU.

“Si todo los cereales actualmente alimentados al ganado en Estados Unidos fueran consumidos directamente por personas, el número de seres humanos que podrían ser alimentados sería casi 800 millones,” indica el ecologista David Pimentel del Colegio de Agricultura y Ciencias Biológicas de Cornell University. Agrega que los siete mil millones de animales en la ganadería en EEUU consumen cinco veces la cantidad de cereales consumidos directamente por la población total de EEUU.

Nuestros hábitos de consumo de carne también causan otros problemas ambientales. Un estudio de 2009 encontró que cuatro-quintos de la deforestación a través de la pluviselva de Amazonas podría ser ligado a la ganadería. Y la contaminación de agua de granjas de cría intensiva (también llamadas operaciones de alimentación animal concentradas o CAFOs) —por las cuales puercos y otro ganado son mantenidos en compartimientos apretados—puede producir tantos desechos y aguas residuales como una pequeña ciudad, según el Natural Resources Defense Council [Consejo de Defensa de Recursos Naturales]. Aún más, el uso generalizado de antibióticos para mantener al ganado sano en esos CAFOs hacinados ha llevado al desarrollo de variedades de bacterias que —de por sí—amenazan la salud humana y el ambiente.

Comer demasiada carne no es bueno para nuestra salud, ya que los excesos están ligados a tasas crecientes de enfermedad cardíaca, cáncer y la obesidad. En todo el mundo, entre 1971 y 2010, la producción de carne se triplicó a alrededor de 600 mil millones libras (272.000 millones de kg) mientras que la población global creció un 81 por ciento, significando que comemos mucha más carne que nuestros abuelos. Los investigadores extrapolan que la producción global de carne se duplicará para 2050 a aproximadamente 1,2 trillones de libras al año, poniendo presión adicional en el ambiente y la salud humana.

Para los que no pueden abandonar la carne completamente, el reducir su consumo ayuda mucho el ambiente, como lo hace escoger carne y productos lácteos orgánicos, criados y alimentados con pasto. “Últimamente, necesitamos mejores políticas y reglamentos más fuertes para reducir los impactos ambientales de la producción de ganado,” dice Kari Hammerschlag de EWG “Pero cambiar la dieta personal es un paso importante”.

CONTACTOS: EWG; David Pimentel; NRDC.