Semana del 17/09/2006

Querido DiãlogoEcolñgico: Ahora que comienza el año escolar, écñmo podréa empacar los almuerzos de los niños para no desperdiciar materiales? —Maryellen, via e-mail

Cuando los niños abren sus almuerzos después de una mañana de duro trabajo con las asignaturas clãsicas, probablemente no tengan ganas de tener que aprender mãs reglas de comportamiento, en este caso las otras "Tres Rs" (reducir, reutilizar, reciclar). Pero los padres pueden usar los almuerzos que preparan para los niños como una lecciñn ecologista—si —con este objeto—pueden resistir el uso conveniente pero derrochador de servilletas de papel desechables, bolsitas de plãstico, y alimentos y cajitas de jugo pre-empacadas.

Nos hemos acostumbrado mucho a tales desechables para agilizar nuestras rutinas diarias, y a menudo es difécil resistir las tentaciones que nos invitan por todos lados en los corredores de los supermercados (especialmente si vamos con los niños!). Pero tales comodidades cuestan mucho desde un punto de vista ecolñgico, ya que nuestros basurales se atochan con el plãstico y nuestros incineradores de basura siguen emitiendo eructos peligrosos.

De modo que, écñmo deberiãn actuar los padres para "hacer lo debido"?

Entran Amy Hemmert y Tammy Pelstring, dos mamãs californianas que se abismaron al conocer que el tépico escolar norteamericano genera 32 kilos de desperdicios de envasados por razñn de almuerzos cada año escolar. Eso significa mãs de 8500 kilos anuales por cada escuela elemental de tamaño promedio.

Hemmert y Pelstring empezaron a contactar otros apoderados que compartéan sus preocupaciones, y pronto se dieron cuenta que la soluciñn era muy fãcil: sencillamente se trataba de usar contenedores de almuerzo reusables, servilletas de paño, tenedores y cucharas de acero, y contenedores rellenables de léquido—sin olvidar el evitar las comidas pre-preparadas—para eliminar completamente los desperdicios causados por la rutina del almuerzo.

Ellas asimismo descubrieron que se ahorraba bastante dinero con este enfoque, ya que el costo de los artéculos desechables de uso ünico ascendéa rãpidamente en comparaciñn a servir los jugos de jarritos de dos litros en tacitas con cubierta atornillable. Cierto, algunos de los cubiertos y contenedores no regresan a la casa, pero eso sñlo es "un paso atrãs" en comparaciñn a "dos pasos adelante", todo lo cual ahorra cientos de dñlares al año por cada escolar.

Los almuerzos sin derroche también ahorran tiempo y dinero a los planteles educacionales, ya que la reducciñn de basura minimiza los viajes al contenedor exterior y la cantidad de deserdicios que se necesita acarrear al basural local. Hemmert señala que "si cada niño escolar norteamericano de grado primario empacase un almuerzo sin derroches, se podréa evitar que llegasen 600 millones de toneladas de desechos a los campos de rellenado. Asé, "se sacaréa mãs provecho de los basurales, y los niños aprenderéan la importancia de proteger el planeta", añade ella.

Hemmert y Pelstring, que se conocieron en 1995, como miembros de un grupo de madres, pasaron a convertirse en buenas amigas y compañeras de jogging y, en 2002, lanzaron una compañéa, Obentec, especializada en la producciñn de elegantes contenedores de almuerzo modulares reusables llamados Laptop Lunches, diseñados al estilo de las cajitas asiãticas Bento. La compañéa produce asimismo una circular mensual gratuita, The Laptop Lunch Times (Diario de los Almuerzos Portãtiles), que incluye sugerencias para almuerzos, empacado y enlaces a sitios de interés.

CONTACTOS: Waste-Free Lunches, www.wastefreelunches.org; Obentec, www.laptoplunches.com.


Querido DiãlogoEcolñgico: éEs que existe una conexiñn entre el mal de las vacas locas y la enfermedad de Alzheimer?—Jon Luongo, Brooklyn, NY

A pesar de que existe limitada evidencia, algunos investigadores temen que tal conexiñn exista. En su libro de 2004, Brain Trust, el bioquémico Colm Kelleher sostiene que el mal de las vacas locas (que también se llama Encefalopatéa Bovina Espongiforme -EBE) ha estado presente en el ganado norteamericano desde mucho antes que 1993, cuando se "descubriñ" publicamente el primer caso en carne de vaca proveniente de la provincia canadiense de Alberta.

Segün la investigaciñn de Kelleher, los casos indocumentados se remontan al menos un cuarto de siglo y podréan haber contaminado muchos bisftecs y hamburguesas ya consumidas. Aün mãs, Kelleher especula que las proteénas infecciosas "prion" que causan la Enfermedad de las Vacas Locas y su variante humana destructora del cerebro, la enfermedad Creutzfeldt-Jakob (ECJ), podréan ser un factor en el nümero alarmante de casos de Alzheimer en años recientes.

Otras investigaciones parecen reforzar las aseveraciones de Kelleher; aunque culpando todo el aumento de Alzheimer en prions fuera de control es segün algunos un poco exagerado. El Dr. Michael Greger, Director del Servicio de Salud Püblica y Agricultura Animal con la Sociedad Protectora de Animales de los E.U.A. (Humane Society of the United States), cita varios estudios que indican que hasta 12 por ciento de todos los casos de demencia senil o Alzheimer diagnosticados en norteamérica en estos momentos pueden ser en realidad casos de ECJ.

"Parece que actualmente el ECJ estã seriamente sub-diagnosticado", señala Greger. Continüa explicando como los séntomas y patologéa de tanto Alzheimer como ECJ se superponen. Al mismo tiempo, él añade que la evidencia epidemiolñgica sugiere que la gente que come carne cruda mãs de cuatro veces a la semana por largos peréodos muestran una probabilidad tres veces mãs alta de sufrir de demencia que los vegetarianos habituales.

"No sabemos exactamente lo que estã sucediendo con la tasa de ECJ en este paés, en parte porque el ECJ no es una enfermedad oficial", dice Greger, explicando que los Centros de Control de Enfermedades (CDC) no siguen activamente el progreso de esta dolencia. Añade que se han reportado varios agrupamientos de brotyes de ECJ a través del continente en años recientes y enfatiza que se requieren mãs estudios para decidir precisamente cuãntos de los cinco millones de norteamericanos que sufren actualmente de séntomas sugerentes de Alzheimer son en realidad pacientes con ECJ.

Pero piénsese lo que se piense de estas revelaciones, los nutricionistas escasamente necesitan mãs evidencia de que la carne roja presenta muchos efectos potencialmente perniciosos para la salud. Para comenzar, la grasa animal saturada de la carne roja contribuye a las enfermedades del corazñn y la arterioesclerosis. Y recientes investigaciones muestran a la vez que los consumidores frecuentes de carne roja enfrenta

n un riesgo doble de cancer del colñn en comparaciñn con los que comen carne con menos frecuencia. También se cree que la carne roja aumenta los riesgos de artritis reumãtica y endometriosis.

Mientras tanto, segün la Asociaciñn Dietética Estadounidense, las dietas vegetarianas pueden reducir en forma dramãtica el riesgo de enfermedad cardéaca, cancer del colñn, osteoporosis, diabetes, dolecnias renales, hipertensiñn, obesidad y otras condiciones médicas debilitantes. Aunque la carne roja es una fuente clave de proteéna y vitamina B12 en la dieta norteamericana, los nutricionistas explican que las dietas sin carne bien planificadas fãcilmente proveen estos importantes nutrientes, manteniendo a sus consumidores a la larga en mucha mejor salud.

CONTACTOS: Brain Trust, www.colmkelleher.com; American Dietetic Association, www.eatright.org.

Animal Rights National Conference 2018