Semana del 18/12/11

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Querido DiálogoEcológico: ¿Es verdad que la operación de las calderas de gas cuesta menos y que queman más limpiamente el combustible que sus contrapartes de petróleo? ¿Si hago el cambio, ¿cuánto tiempo debería esperar para amortizar mi inversión inicial? ¿Y hay alguna opción más verde que debería considerar?

— Veronica Austin, Boston, MA

Es verdad que el gas natural ha sido una fuente más económica de calor que el petróleo para los norteamericanos en los últimos años. La Energy Information Administration (EIA) [Dirección Federal de Información Sobre Energía] reporta que el dueño de casa norteamericano medio pagará sólo aproximadamente $732 para calentar su casa con gas este invierno (1 de octubre al 31 de marzo) contra la friolera de $2.535 para la calefacción a base de petróleo. Aunque el precio del gas natural ha permanecido relativamente estable en los últimos años, los precios del crudo han sido altos y han estado subiendo en gran parte gracias a los desórdenes constantes en los países productores de petróleo del Medio Oriente. Solamente hace dos años la cuenta media para el invierno por concepto de calefacción a petróleo era $1.752.

Aunque es probable que los precios del crudo sigan siendo altos y volátiles en el futuro a largo plazo, la mayoría de los analistas de energía concuerdan que los precios de gas natural, mucho del cual es todavía derivado nacionalmente, es probable que no suban o fluctúen substancialmente en EEUU en el futuro previsible. Según el economista de la EIA y pronosticador Neil Gamson, EEUU ya tiene un exceso de gas natural y espera que aún más producción interna entre en línea tan pronto como las firmas extractivas empiecen a explotar la región del Marcellus Shale en Pensilvania, y Nueva York.

Sólo aproximadamente un ocho por ciento de casas de EEUU usan calefacción a petróleo hoy. La mayoría está en el noreste de EEUU y fueron construidas en los tiempos cuando el petróleo era la manera más barata de mantenerse calentito durante los largos inviernos. Muchas empresas han extendido líneas de gas a vecindarios que no las tenían en el pasado, abriendo la puerta para que los propietarios pudieran cambiar sus calderas viejas ineficientes de petróleo por unidades más eficientes de gas.

El crédito tributario del 30 por ciento del gobierno federal (con un límite de $500) para modernizar una instalación con una caldera de alta eficiencia expira a finales de 2011 pero es probable que se extienda de una forma u otra hasta 2012. Mientras tanto, algunos estados, municipios y empresas de energía ofrecen sus propios incentivos y préstamos a bajo-interés para la adquisición de calderas de alta eficiencia. Vea lo que está disponible en su área a través de una búsqueda en línea por código postal o por mapa en el sitio web de la Database of State Incentives for Renewables and Efficiency (DSIRE) [Base de Datos de Estímulos Estatales para Renovables y Eficiencia (DSIRE)]. Dejando de lado los incentivos por un momento, las calderas a gas tienden a costar menos que sus contrapartes de petróleo de todos modos, pero instalar una desde cero significará mil o dos mil dólares extra para tirar una línea de gas desde la calle. Si el gas natural continúa siendo substancialmente más barato que el petróleo, sólo los ahorros por concepto de combustible devolverían la inversión inicial de equipo e infraestructura dentro de cinco años en la mayoría de los casos.

Hablando ambientalmente, el gas tiene emisiones más bajas de carbón que el petróleo, pero la fracturación hidráulica (“fracking”) —el método sumamente polémico de extracción de gas empleado cada vez más hoy (los taladradores inyectan agua, arena y sustancias químicas a alta presión en las capas subterráneas para abrirse paso a través de la piedra y conseguir acceso al gas natural) —implica un costo pesado en los ecosistemas circundantes y la calidad regional del agua. La mayoría de los ambientalistas preferirían más bien que la gente hiciera la transición a fuentes de calor realmente renovables como la geotérmica o solar. Si se va a meter en el costo y los problemas de reemplazar una caldera a petróleo por algo nuevo, una bomba geotérmica puede costar más ($7.500 y arriba) que un nuevo sistema de calefacción de gas pero ahorraría mucha más plata y emisiones a largo plazo. Para los que vivan en áreas bien asoleadas, un sistema de calefacción solar costaría aún más al comienzo, pero podría entregar beneficios impresionantes a largo plazo, tanto económicos como ambientales.

CONTACTOS: EIA; DSIRE.


Querido DiálogoEcológico: Sé que los peces grandes contienen mucho mercurio, ¿pero, de dónde viene? ¿Y qué podemos hacer para prevenir esta contaminación?


— Alison Bronner, Atlanta, GA

El mercurio en los pescados que nos gusta comer es un problema grande en Estados Unidos y cada vez más alrededor del mundo. El mercurio mismo es un elemento que ocurre naturalmente en el ambiente y que está presente en plantas y animales. Pero la actividad industrial humana (como la generación de electricidad con carbón, la fundición de metales, y la incineración de desecho) incrementa la cantidad de mercurio en el aire que eventualmente llega a los lagos, ríos y océanos, donde es tragado por peces inocentes y otra vida marina.

Una vez que este mercurio entra en la cadena alimenticia marina, se “bioacumula” en los animales de rapiña más grande. Por eso generalmente es más arriesgado comer los peces más grandes que los más pequeños. Los que comemos peces con demasiado mercurio podemos sufrir de una gama de enfermedades de salud, inclusive desórdenes reproductores y problemas del sistema nervioso. La Agencia de Protección del Medio Ambiente de EEUU (EPA) indica que los fetos humanos expuestos al mercurio antes del nacimiento “pueden ser susceptibles a un riesgo aumentado de bajo rendimiento en tareas que involucran el sistema nervioso, como aquellas que miden la atención, la función motora, las habilidades para idiomas, las capacidades viso-espaciales y la memoria verbal”. Hasta 10 por ciento de las mujeres norteamericanas en edad de tener hijos llevan suficiente mercurio en la sangre como para poner a sus niños en serio peligro de problemas de desarrollo.

En colaboración con la Dirección de Alimentos y Drogas, la EPA publica determinaciones periódicamente con respecto a cuánto mercurio proveniente de pescado es seguro ingerir. Autoridades estatales y tribales ambientalistas y/o departamentos de salud también publican recomendaciones de consumo de pescado para cuerpos de agua en sus respectivas jurisdicciones basadas en pautas federales. La EPA consolida estas alertas locales y regionales en su sitio web, donde los consumidores concernidos y los pescadores pueden hacer clic en un mapa de estados para averiguar que recomendaciones están vigentes en sus áreas.

En cuanto a cuál pez se debería evitar, el Fondo de Defensa Ambiental (EDF, siglas en inglés), sin fines lucrativos, que opera el sitio web Seafood Selector

[Selector de Mariscos], reporta que personas con preocupaciones acerca del mercurio deberían evitar el atún de aleta azul, el ojizarco, la caballa de rey, y el pez aguja. La ajova, el tiburón, el pez espada, el esturión salvaje, el atún de opah y el patudo llevan también una carga proporcionadamente grande de mercurio. También meritando ansiedad, pero en un grado menor, son el pez emperador, la corvina chilena, el cangrejo azul, bacalao largo, la caballa española, la trucha marina con motas, el wajú, el mero, el pez pargo, el lenguado, pez mosaico, pez de piedra y la cibelina, así como el aleta negra, la albacora, y el atún de aleta amarilla.

Más allá de lo que los individuos pueden hacer para evitar el mercurio, el gobierno de EEUU y los estados han empezado a trabajar juntos para reducir emisiones de mercurio de las centrales eléctricas. A comienzos de este año la EPA propuso nuevas “Reglas Sobre el Mercurio y Otras Toxinas en el Aire” regulando emisiones de mercurio de las empresas de electricidad a través del país, con el objetivo de reducir la cantidad de mercurio emitido por la quema de carbón en un 91 por ciento para 2016. Además, representantes de 140 países firmaron un acuerdo para reducir la contaminación global de mercurio en una reunión del Consejo Directivo del Programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas en Nairobi, Kenia en 2009. El acuerdo compromete a los países firmantes—inclusive los EEUU—a reducir el uso y la emisión de mercurio. Un tratado legalmente obligatorio que comanda a cada país precisamente cuánto tendrá que reducir sus emisiones de mercurio entrará en vigencia en 2013.

CONTACTOS: EPA Mercury and Air Toxics Standards; EDF Seafood Selector.

Animal Rights National Conference 2018