Semana del 2/1/11

Existe ahora gran optimismo acerca de mejores tiempos en el futuro.
© John Warrenchuk

Querido DiálogoEcológico: ¿Por qué regresaron 34 millones de salmones rojos salvajes al Río Fraser en la Columbia Británica este año? La carrera había estado disminuyendo por 20 años.

— David B., Seattle, WA

La carrera milagrosa del salmón rojo en la divisoria del Río Fraser de Canadá occidental en el verano y otoño de 2010—verdaderamente la carrera más grande en 97 años—todavía tiene a los pescadores, investigadores y gerentes de pesquería desconcertados. Sólo un año antes sólo un millón de peces regresaron a desovar. Y nadie puede decir con certeza lo que causó la carrera masiva de 2010, pero la mayoría cree que probablemente tuvo que ver con las condiciones mucho más favorables de agua que se presentaron en 2008 cuando los rojos eran jóvenes. “Son muy vulnerables en esa etapa de su vida,” reportea John Reynolds, un experto en conservación de salmón con la Universidad Simon Fraser de Canadá.

Roberta Hamme, un investigador con la Universidad de Victoria, Canadá, sugiere en un estudio reciente publicado en Geophysical Research Letters que la caída de cenizas de la erupción del volcán Kasatochi de Alaska en 2008 puede ser una razón de la inmensa carrera de 2010. El hierro en la ceniza, que fue arrojado por todas partes por el volcán en erupción y enseguida dispersado aún más por el tiempo turbulento, sirvió como abono a través del Pacífico del Norte. El resultado fue explosiones inmensas de algas que mejoraron dramáticamente la provisión alimentaria del pez. Un carrera semejante de salmón grande del Río Fraser en 1958 fue precedido igualmente por una erupción volcánica enorme en Alaska.

Lo que resultó especialmente notable acerca de la carrera gigante de 2010 fue el contraste con 2009, cuando la carrera del salmón rojo del Río de Fraser fue un desastre completo. Coronó 20 años de bajada y fue tanto peor que lo que cualquiera hubiese esperado que el gobierno canadiense formó una comisión para investigar las causas posibles, reportó Daniel Jack Chasan en el sitio web de noticias del noroeste pacífico, Crosscut.

La situación fue terrible en 2008, también, hasta tal punto que en el lado de EEUU de la frontera, el entonces Secretario de Comercio Carlos Gutierrez declaró a la pesquería de salmón del Fraser un desastre y asignó $2 millones a tribus de EEUU y pescadores comerciales para compensar sus pérdidas de ingresos. Pero curiosamente, al mismo tiempo que la comisión canadiense empezó a investigar la ínfima carrera de 2009, dijo Chasan, los pescadores comerciales “empezaron a coger más salmón rojo del Río de Fraser que lo que ellos jamás habían visto”.

En general, los científicos y ecologistas están bien enterados de por qué las carreras del salmón salvaje de la costa Oeste han estado disminuyendo durante el siglo pasado: a saber, la contaminación a lo largo de casi cada pulgada del viaje de mil millas del río hacia el mar y de vuelta, la sobrepesca tanto en los ríos como el océano, y las obstrucciones artificiales al pasaje de peces. Pero los ecologistas están ahora optimistas que la inmensa carrera del salmón rojo en 2010 es un signo de mejores tiempos futuros. Quizás mejores prácticas de tala de bosques, un resurgimiento en la agricultura orgánica, nuevas protecciones para el hábitat río arriba o límites más estrictos para la pesquería comercial—o alguna combinación de las mismas—han comenzado a hacer una diferencia en la supervivencia del salmón.

En todo caso, las carreras de salmón típicamente alcanzan su máximo volumen cada cuatro años—se suponía que 2010 iba a ser un año pico pero las expectaciones fueron dramáticamente excedidas. Sólo el tiempo puede decir si las masa de salmones rojos en el Fraser en 2010 fue un accidente o esto prefigura mejores días para el ambiente—y para el pez y las personas que dependen de él.

CONTACTOS: John Reynolds ; Geophysical Research Letters; Crosscut.


Querido DiálogoEcológico: ¿Pueden explicar qué es el “fracking” con respecto a la exploración del gas natural y por qué es polémico?

— Jonas Kern, Bellevue, WA

Un sitio de fracturación hidráulica, uno de varios concentrados en un área pequeña en y alrededor de Troy, Pensilvania.
© Shaleshock.org
Fracking” es una abreviación dentro de la industria del petróleo y el gas para “fracturar por métodos hidráulicos,” un proceso en los que taladradores estallan millones de galones de agua, arena y sustancias químicas peligrosas a alta presión en formaciones rocosas subterráneas para crear fracturas que facilitan el flujo del petróleo o el gas recuperables. Según la Comisión Interestatal del Petróleo y Gas, el 90 por ciento de todos los pozos de petróleo y gas en EEUU son “fraqueados” para aumentar la producción. El “fracking” ocurre generalmente poco después de que se perfora un nuevo pozo, pero muchos pozos son fracturados numerosas veces para maximizar la producción de un sitio lo más posible.

Pero después de una serie de accidentes en Pensilvania y otra partes en los últimos años, fracking está siendo atacado como peligroso tanto para la salud humana como el ambiente. El problema más común implica la disposición del fango tóxico que resulta del fracking. La firma tejana XTO Energy, por ejemplo acumuló 31 infracciones de contaminación por fracking en 20 pozos del Marcellus Shale de Pennsylvania solamente en 2010. Pero el hecho que entre 20 y el 40 por ciento de las sustancias químicas se quedan atrapadas bajo tierra—donde pueden contaminar el agua potable, los suelos y otras características del ambiente del las cuales dependen las plantas, los animales y los seres humanos—quizás hace el problema más grave aún. Según la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EEUU (EPA), al menos nueve sustancias químicas diferentes comúnmente utilizadas en el fracking son inyectadas en pozos de petróleo y gas en concentraciones que constituyen una amenaza a la salud humana.

Puesto que los norteamericanos obtienen la mitad de su agua potable de fuentes subterráneas, no es de extrañar que la gente se preocupe por los riesgos de fracking—especialmente desde 2005 cuando George W. Bush eximió a las compañías de petróleo y gas de reglamentos federales diseñados para proteger nuestra agua potable. Mientras tanto, la mayoría de las agencias regulativas estatales de petróleo y gas no requieren que las compañías reporten los volúmenes ni los nombres de las sustancias químicas utilizadas en la extracción (el benceno, el cloruro, el tolueno y los sulfatos están entre ellos). El resultado, según la organización sin fines lucrativos Oil and Gas Accountability Project, es que una de las industrias más sucias del país disfruta de un derecho exclusivo “inyectar líquidos tóxicos directamente en el agua subterránea de buena de calidad sin ninguna supervisión”.

Hay también otros problemas potenciales con el fracking. El Natural Resources Defense Council (NRDC)–Consejo de Defensa de Recursos Naturales (NRDC)– advierte que más allá de contaminar el agua de beber con sustancias químicas tóxicas y a veces cancerígenas, el fracking podría provocar terremotos, envenenar el ganado apacentando, y sobrecargar nuestros sistemas de agua residual—especialmente ya que el taladraje se expandió durante el gobierno de Bush en la Casa Blanca.

En respuesta a la preocupación pública acerca de los riesgos potenciales asociados con el fracking, la EPA comenzó recientemente un estudio completo sobre el tema. Tanto las compañías petroleras como los ecologistas esperan que el estudio ponga punto final al debate sobre los impactos ambientales del proceso. Mientras tanto, el ayuntamiento de Pittsburgh, Pennsylvania, votó recientemente proscribir el fracking allí, mientras que el gobernador de Nueva York David Paterson extendió una moratoria del fracking en su estado hasta julio de 2011, citando preocupaciones acerca de si la técnica es suficientemente segura como para permitir su aplicación por todos lados. Otros municipios y estados esperan para ver lo que encuentre la EPA antes de tomar sus propias decisiones con respecto al fracking.

CONTACTOS: EPA; Interstate Oil and Gas Compact Commission; Oil and Gas Accountability Project; NRDC.

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