Semana del 11/4/11

© water.org/Flickr

Querido DiálogoEcológico: Recientemente la ONU votó para declarar el acceso seguro al agua limpia un “derecho humano.” ¿No es eso obvio? ¿Cuáles son las ramificaciones de esta declaración?

— P. James, Boston, MA

En julio 2010 las Naciones Unidas (ONU) aceptó una nueva resolución que declara como derecho humano el acceso al “agua limpia y sana”. Ciento veintidós naciones votaron en favor de la resolución; 41 (principalmente desarrolladas) países se abstuvieron; y se registraron cero no votos. El acuerdo se originó en un esfuerzo prolongado por parte de Bolivia y 30 otras naciones (en su mayor parte) en desarrollo determinadas a mejorar el acceso al agua limpia y sistemas apropiados de saneamiento para los residentes humanos más pobres del planeta.

El Representante Permanente de Bolivia frente a la ONU, Pablo Solon, vitoreó el pasaje de la resolución por la cual había hecho campaña esforzada por bastante tiempo, y subrayó la necesidad de reconocer que el acceso al agua limpia y el saneamiento son un derecho humano a medida que los suministros globales de agua dulce siguen agotándose. “Aproximadamente una de cada ocho personas no tienen agua de beber,” Solon señaló a los periodistas. “En un sólo día, más de 200 millones de horas del tiempo utilizado por mujeres se gasta en conseguir y transportar agua para sus casas”. Según la declaración, aproximadamente 884 millones de personas carecen de acceso al agua potable segura.

“La falta de saneamiento es todavía peor, porque afecta 2,6 mil millones de personas [o] el 40 por ciento de la población global,” Solon dijo, citando un estudio de 2009 de la Organización Mundial de la Salud y UNICEF que encontró que unos 24.000 niños en países en desarrollo se morían cada día de causas evitables como la diarrea que resulta del agua contaminada. “Esto significa que un niño muere cada tres segundos y medio,” agregó Solon.

La resolución misma no conlleva fuerza reglamentaria, pero sus partidarios la ven como importante para concientizar al público y facilitar apoyo para soluciones. “Demandamos acción…en comunidades alrededor del mundo para asegurar que los derechos al agua y el saneamiento sean aplicados,” dijo Anil Naidoo del Consejo de Canadienses, un grupo que ha sido crucial en la lucha internacional para el derecho al agua limpia. “Los gobiernos, las agencias de ayuda y la ONU deben tomar sus responsabilidades en forma seria,” agregó.

Algunos países desarrollados—inclusive EEUU, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y varias naciones europeas—trataron de bloquear el pasaje de la resolución con el objeto de minimizar sus futuras obligaciones. Como lo puso un funcionario del Reino Unido, estos países “no quiere pagar por inodoros en Africa”. También, seis países africanos (Botsuana, Etiopía, Kenia, Lesoto, Tanzania y Zambia) y dos en el Caribe (Guyana y Trinidad/Tobago) —todos anteriormente colonias europeas—se unieron al esfuerzo de tratar de matar la declaración. Pero cuando vino el momento de votar, estas naciones se abstuvieron para no constar como oponiéndose a una medida tan vital.

“Esto importa mucho porque somos un planeta que se está quedando sin agua,” declaró Maude Barlow, una experta afiliada con el Consejo de Canadienses así como el Blue Planet Project y el Food and Water Watch.

En efecto, una población humana todavía en crecimiento, el calentamiento climático y otros factores se combinan para hacer más escasos los suministros de agua dulce alrededor del mundo. Un estudio reciente del Banco Mundial predijo que la demanda de agua dulce excederá la producción en un 40 por ciento dentro de sólo dos décadas. Mientras la resolución de ONU no puede mover ninguna montaña, es un paso en la dirección correcta para el número creciente de desposeídos del mundo.

CONTACTOS: United Nations; Council of Canadians; Blue Planet Project; Food and Water Watch.


Querido DiálogoEcológico: Si Japón cerrara todas sus centrales nucleares después del daño reciente y escapes de radiación causados por el terremoto y tsunami del 11 de marzo, ¿cuál sería su menú de energía? ¿Podría proporcionar todo su electricidad de otras maneras?

© Joe Newman/Flickr
— Richard Miller, Nueva York, NY

La mayoría de los expertos concuerdan que Japón tendría muchas dificultades para cerrar todos sus 54 reactores nucleares en futuro cercano, especialmente dado que estas plantas proporcionan más de un tercio de la electricidad de la nación y 11 por ciento de sus necesidades totales de energía. Japón depende tanto de la energía nuclear porque tiene muy pocas otras fuentes domésticas de energía. Según el Departamento de Energía de EEUU, Japón es autosuficiente en energía sólo en un 16 por ciento, y mucho de esto viene de su programa ahora averiado de energía nuclear.

A pesar de producir sólo cantidades triviales de petróleo en campos de su costa oeste, Japón es el tercer consumidor más grande de petróleo del mundo detrás de EEUU y China, así como el tercer importador neto más grande de petróleo crudo. El petróleo importado representa un 45 por ciento de las necesidades de energía de Japón. Además de importar mucho petróleo, Japón es el importador más grande del mundo de tanto carbón y gas natural licuado. Contra este fondo de hidrocarburos importados, no es sorpresa que Japón ha abrazado la energía nuclear; mundialmente, sólo EEUU y Francia producen más energía nuclear.

Considerando la realidad que tomaría décadas expandir la capacidad en fuentes renovables alternativas de energía—en este momento la energía hidroelectrica representa solamente tres por ciento del consumo energético japonés y otras fuentes renovables como solar y viento sólo uno por ciento—y que Japón debe importar casi todos sus hidrocarburos, resulta obvio que el país deberá depender de la energía nuclear por un tiempo indefinido, a pesar de los riesgos.

“Suministrar la misma cantidad de electricidad por el petróleo, por ejemplo, aumentaría las importaciones de petróleo aproximadamente 62 millones de toneladas métricas por año, o aproximadamente 1,25 millones de barriles al día,” dice Toufiq Siddiqi, un investigador con el Instituto no lucrativo East-West Institute. Agrega que con el precio actual del petróleo por barril (aproximadamente $100), cambiando la energía nuclear por petróleo costaría a Japón más de $46 mil millones por año. “Adiemás, tomaría casi una década construir suficientes nuevas centrales eléctricas a petróleo, carbón o a gas natural para proporcionar la cantidad equivalente de electricidad, y se requeriría anualmente decenas de miles de millones de dólares lograrlo,” concluye el experto.

A corto plazo, la manera más fácil para que Japón compense su producción nuclear reducida es importar más gas natural y otros hidrocarburos, enviando su huella de carbón precisamente en la dirección equivocada. Lo que está menos claro es si los planes preexistentes de las autoridades japonesas para aumentar la capacidad nuclear del país—el objetivo indicado es generar la mitad de la electricidad de Japón a través de energía nuclear dentro de dos décadas como la parte de un esfuerzo más grande de reducir emisiones de bióxido de carbono—todavía serán implementados tras los accidentes de Fukushima.

Es probable que los desastres de la planta de Fukushima impacten la combinación siempre en evolución de la energía mundial, no sólo dentro de Japón. Muchos analistas esperan que el desastre nuclear en Japón cause un cambio hacia el uso creciente de gas natural en todo el mundo. Por supuesto, la desventaja para el ambiente es que el gas natural es un hidrocarburo y su uso contribuye notablemente al calentamiento climático. Aunque la energía solar y eólica puede compensar algo las pérdidas, estos y otros renovables están por lo menos a décadas de la escalabilidad necesitada para proporcionar una porción significativa de los requerimientos de energía de una sociedad industrial moderna.

CONTACTOS: U.S. Department of Energy; East-West Institute.

Animal Rights National Conference 2018