Semana del 3/3/13

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Querido DiálogoEcológico: Entiendo que el movimiento “de justicia ambiental” procura proteger las comunidades pobres y de color de ser injustamente elegidas para acoger actividades como plantas de tratamiento de agua residual, vertederos y fábricas polucionantes. ¿Ha habido algunas victorias notables?

— P. Silver, Peekskill, NY

El movimiento de justicia ambiental nació en septiembre 1982 cuando un grupo de residentes pobres del condado rural de Warren, Carolina del Norte, se plantaron frente a camiones que transportaban desechos con sustancias tóxicas PCB (*bifenilos policlorados”) a un vertedero cercano. Esos activistas norteamericanos, principalmente afronorteamericanos, perdieron finalmente su batalla para mantener los desechos tóxicos fuera del área, pero sus acciones llevaron finalmente a una orden ejecutiva del Presidente Clinton en 1996 que institucionalizó el deber del gobierno de EEUU de identificar y encarar los “efectos adversos desproporcionadamente altos de ambiente y salud causados por sus políticas o programas en personas de ingresos bajos y de color”. También ordenó que el gobierno federal buscase maneras de prevenir discriminación por raza, color u origen nacional en cualquier programa federalmente financiado que trate con la salud o el ambiente.

Desde entonces, muchos otros grupos de bajos de ingresos o minorías—latinoamericanos, asiáticos, Isleños del Pacífico, Norteamericanos nativos y otros—han aprendido a elevar sus voces y luchar contra la discriminación en la ubicación de vertederos de desechos peligrosos y estaciones de transferencia, fábricas contaminantes y compañías de servicios públicos, y otros disparadores de mala calidad de aire y vías navegables y tierras comprometidas a través de EEUU y más allá.

Algunos de los mejor conocidos grupos de justicia ambiental emergieron de luchas específicas en sus propios vecindarios locales.Ciudadanos Concernidos de LA Sur Central (Los Angeles) nació para luchar contra el notorio quemador de basura LANCER a fines de la década del ochenta, y hoy proporciona liderazgo en asuntos ambientales y de justicia social a través de California del sur. Igualmente, Mothers of East LA

[Madres de LA Oriental], formado originalmente para parar la localización de una prisión en una comunidad Oriental de Los Angeles, ha llegado a ser una voz fuerte contra quemadores de basura y otras instalaciones de procesamiento de desechos y vertederos interesados en mudarse a esa área.

En otra parte, West Harlem Environmental Action se formó en 1998 para luchar (sin éxito) contra la construcción de la Planta de Tratamiento de Agua Residual de North River en Harlem Occidental en la Ciudad de Nueva York. A pesar de esa derrota, el grupo es ahora un líder en asuntos de justicia ambiental alrededor del estado de Nueva York. Y el grupo Deep South Center for Environmental Justice nació con raíces humildes de activismo pero está ahora en alta demanda ayudando a comunidades rurales en el “Callejón del Cáncer” de Luisiana a protegerse de más degradación y daños de parte de las refinerías de petróleo y otras industrias pesadas situadas en la zona.

Varias organizaciones nacionales dedican ahora recursos significativos a estos asuntos. El Center for Health, Environment and Justice [Centro para la Salud, Ambiente y Justicia (CHEJ)], que surgió de la controversia de Love Canal en los años setenta cuando el gobierno de EEUU mudó 800 familias de sus vecindarios contaminados en Niagara Falls, Nueva York, hoy funciona como un Banco de Información para asuntos relacionados. El Consejo de Defensa de Recursos Naturales (NRDC) ha dedicado recursos significativos a esfuerzos de justicia ambiental, inclusive ayudando a identificar “racimos’ de cáncer en comunidades pobres cerca de industria pesada. Muchos clubs locales del Sierra Club combaten discriminación ambiental en sus vecindarios. Y el gobierno federal proporciona hoy millones de dólares a proyectos de justicia ambiental por la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) y otras agencias.

CONTACTOS: Mothers of East LA; West Harlem Environmental Action; Deep South Center for Environmental Justice; NRDC; CHEJ; Sierra Club; EPA.


Querido DiálogoEcológico: Ha habido mucha cobertura del tema de alimentos de cultivo biológico y de cómo ellos no son realmente más sanos que los alimentos convencionales. ¿Es esto verdad?

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— Gina Thompson, Salem, OR

No cabe duda que alimentos de cultivo biológico son más sanos—para nuestros cuerpos individualmente así como para el ambiente—que sus contrapartes convencionalmente producidos. La cuestión es cuánto más sana y si la diferencia justifica gastar más en la tienda de comestibles.

El alimento convencional es producido utilizando insumos sintéticos químicos como abonos, pesticidas, hormonas y antibióticos para repeler pestes, empujar el crecimiento y mejorar el rendimiento de los productos vendibles. Es lógico que cantidades ínfimas de estas sustancias químicas probablemente sean ingeridas en nuestros cuerpos.

Antes que tales sustancias químicas llegaran a estar extensamente disponibles, la mayoría de los alimentos eran producidos orgánicamente. La consciencia reciente acerca de los peligros de sustancias químicas sintéticas y resistencia antibiótica ha provocado un interés renovado en alimentos de cultivo biológico. Como resultado las granjas orgánicas constituyen el sector creciente más rápido de la industria de la agricultura de EEUU. Dado que estas granjas son más pequeñas y tienen más clientela de nicho, ellas deben cargar más por sus productos orgánicos. Estos costos se pasan así a consumidores dispuestos a pagar más para guardar su salud.

Pero después de inspeccionar más de 200 otros estudios que comparan alimentos orgánicos y convencionales y a veces sus efectos en el cuerpo, investigadores médicos de Stanford encontraron que, si al comer productos orgánicos pueden rebajar su exposición a pesticidas, la cantidad medida de productos convencionalmente crecidos cabía también bien dentro de límites seguros. Ellos también encontraron que los alimentos de cultivo biológico no eran especialmente más nutritivos que los alimentos inorgánicos. Las conclusiones fueron publicadas en los Anales de Medicina Interna en septiembre 2012.

La única área donde el equipo encontró una divergencia se vió con respecto a microbios resistentes a antibióticos en la carne. Aunque las oportunidades de contaminación bacteriana son iguales para carnes orgánicas e inorgánicas, los microbios en pollo y puerco convencionalmente criados tuvieron un 33 por ciento de riesgo más alto de ser resistentes a múltiples antibióticos. Muchos granjeros y rancheros dependen de los antibióticos para engordar sus animales y mantenerlos sanos hasta la matanza, pero convirtiéndose a la carne más orgánica podría ayudar a controlar la marea cada vez más alta de resistencia antibiótica que amenaza hacer obsoletas muchas de nuestras medicinas.

Por supuesto, los consumidores pueden optar por alimentos de cultivo biológico a pesar de la falta de mucha diferencia en el contenido nutricional o residuos químicos. Según la Clínica Mayo, una institución médica sin fines lucrativos de cuidado e investigación y una voz prominente en cuestiones de salud pública y mantenimiento de salud, algunas personas prefieren simplemente el sabor de alimentos de cultivo biológico. A otros les gustan los alimentos de cultivo biológico porque típicamente no contienen conservantes, endulzantes, colorantes y condimentos artificiales. Mientras tanto, otros toman una vista más a largo plazo y van con lo orgánico por el ambiente, ya que la agricultura orgánica reduce la contaminación y conserva la calidad del agua y la tierra.

Si Ud. está tratando de ser tanto sano como frugal, una opción es el comprar selectivamente productos orgánicos. El Grupo de trabajo Ambiental (EWG) publica su Guía de Pesticidas en Verduras Para Consumidores cada año para permitir que los consumidores sepan qué productos tienen la mayoría de los residuos de pesticida y son los más importantes de comprar orgánico. La “Docena Sucia” de alimentos no orgánicos de EWG para 2012 y que se debe evitar fueron las manzanas, el apio, pimientos dulces, los melocotones, las fresas, nectarinas importadas, las uvas, la espinaca, la lechuga, los pepinos, los arándanos y las papas.

CONTACTOS: “Are Organic Foods Safer or Healthier than Conventional Alternatives?”; Environmental Working Group.