Semana del 30/12/12

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Querido DiálogoEcológico: ¿Quizás parezca obvio, pero cuáles serían los principales beneficios del tránsito público como alternativa al automóvil privado si nuestro país se cometiera algún día a esta opción?

— James Millerton, Armstrong, PA

Los beneficios de hacer un compromiso mayor a la construcción y manejo eficiente de una red más grande y más completa de tránsito pública son muchos.

Según la Alianza Nacional de Partidarios del Transporte Público (NAPTA), una organización que representa coaliciones populares del tránsito, las organizaciones y los partidarios, el tránsito público expandido, coordinado con el desarrollo más ecológico y otras “eficiencias operacionales,” pueden reducir nuestra huella de carbón un 24 por ciento, que es significativo dado que el bióxido de carbono (CO2) del sector de transporte en su totalidad representa 28 por ciento de las emisiones totales de gas invernadero de EEUU. Después de todo, los camiones y los trenes queman mucho menos combustible por pasajero que un coche con un solo pasajero en él. Usando el tránsito público para un viaje diario de 20 millas típico al trabajo disminuiría las emisiones anuales de gas invernadero por viajero unas 4.800 libras al año, que equivale cerca de una reducción del 10 por ciento en la huella del carbón de una casa con dos coches.

Otro grupo, la Asociación Norteamericana del Tránsito Público (APTA), reporta que el uso actual de tránsito público en EEUU ya ahorra 37 millones de toneladas métricas de CO2 anualmente, el equivalente a las emisiones resultantes de la generación de electricidad para dar electricidad a unos cinco millones de casas norteamericanas típicas.

Un cambio masivo al tránsito público también sería bueno para nuestros bolsillos. Según NAPTA, los propietarios de coche de EEUU pueden ahorrar hasta $112 mil millones al año en gasolina y otros costos de vehículo. “El transporte público ofrece una alternativa inmediata para individuos que procuran reducir su uso de energía y huellas de carbón,” sugiere NAPTA. “El tomar transporte público excede lejos los beneficios combinados de utilizar bombillas de energía eficientes, ajustar los termostatos, climatizar las casas, y reemplazar los refrigeradores”.

En cuanto a reducir el uso del petróleo, NAPTA dice que el tránsito público ya ahorra a los norteamericanos el equivalente de 4.200 millones de galones de gasolina anualmente, o unos 900.000 llenados de automóvil cada día. Y el Instituto de Transporte de Tejas (TTI) reporta que individuos que viven en áreas servidas por transportes públicos ahorran más de 300 millones de galones de combustible al año. Mientras tanto cualquier persona puede ahorrar más de $9.000 al año tomando transporte público en vez de manejando y viviendo con un coche menos.

Una mejor calidad de vida es aun otro beneficio del tránsito público. En cierta manera el tránsito público puede ser considerado como un salvador de vidas: Produce 95 por ciento menos monóxido de carbono y casi 50 por ciento menos óxido de nitrógeno—ambos disparadores clave del asma y otros problemas respiratorios y cardiovasculares de la salud—por pasajero-milla que manejando un vehículo privado. También, los usuarios del tránsito tienden a ser más sanos que los viajeros de coche porque andan más, lo que aumenta sus niveles de salud. El uso del tránsito público también significa menos coches en el camino, lo que significa tiempos reducidos de viaje—y por consiguiente menos estrés y conducta agresiva —para todos. TTI reporta que los norteamericanos que viven en áreas servidas por transportes públicos se ahorran casi 800 millones de horas de tiempo consumido por viajes todos los años.

CONTACTOS: NAPTA; APTA; TTI.


Querido DiálogoEcológico: ¿Es verdad que los niños son más enfermos hoy que lo eran una generación atrás y que los pesticidas han jugado un papel mayor en esto?

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— Maria Jenkins, Clewiston, FL

Es imposible decir con certeza que nuestra dependencia moderna en los pesticidas es la causa directa de que más de nuestros niños se enfermen más a menudo, pero montones de nuevas investigaciones apuntan en esa dirección. Un estudio de octubre 2012 de la Red de Acción Contra Pesticidas de Norteamérica (PANNA) titulado “Una Generación en Peligro” examina docenas de estudios recientes y concluye que la entrada de pesticidas en nuestra sociedad cobra un costo pesado en la salud de nuestros niños y su inteligencia.

“Los niños hoy son más enfermizos que lo que eran hace una generación,” reporta el grupo. “De cánceres infantiles al autismo, defectos de nacimiento y asma, una gran variedad de enfermedades de niñez y desórdenes está en ascenso”. La evaluación de PANNA de los últimos datos científicos “deja poca duda: los pesticidas son un conductor clave de esta tendencia inquietante”.

Los pesticidas están por todas partes hoy. Nos exponemos a ellos a través de los alimentos que comemos y el aire que respiramos. Como resultado, todos llevamos cantidades minúsculas de ellos en la sangre. Los cuerpos de niños, puesto que están todavía desarrollándose, son especialmente susceptibles a problemas de salud por exposición a pesticidas. Los niños entran rutinariamente contacto con pesticidas dentro de sus casas y escuelas y afuera en sus traspatios, patios de recreo y parques. Inclusive los animales domésticos, muchos de los cuales llevan collares antipulgas y polvos cargados de pesticidas, pueden ser una fuente de exposición a pesticidas para los niños. Según PANNA, niveles aún muy bajos de exposición a pesticida pueden causar problemas significativos de salud, especialmente durante embarazo y niñez temprana. Nueva investigación liga la exposición a pesticida con daño a la estructura y funcionamiento del cerebro y el sistema nervioso.

“Los pesticidas pueden dañar a un niño al bloquear la absorción de sustancias nutritivas importantes y necesarias para el crecimiento sano y normal,” informa la Agencia de Protección Ambiental de EEUU (EPA). “Otros manera en que los pesticidas pueden hacer daño es si un sistema excretorio infantil no está aun desarrollado completamente, y el cuerpo no puede eliminar totalmente los pesticidas”. La exposición a pesticidas durante ciertos períodos de desarrollo críticos puede alterar permanentemente los sistemas biológicos de un niño en crecimiento. El resultado, advierte PANNA, es un aumento en defectos de nacimiento y pubertad temprana y en aumentos notables de asma, obesidad, diabetes y algunos cánceres.

Lo que horroriza verdaderamente es que se ha sabido acerca de estos peligros por décadas y a la fecha se ha hecho casi nada. “Hace casi 20 años, los científicos del Consejo Nacional de Investigación demandaron acción rápida para proteger a los cuerpos jóvenes en crecimiento de los pesticidas,” dice PANNA. “Sin embargo hoy, muchos niños de EEUU continúan siendo expuestos a pesticidas que se sabe son perjudiciales en los lugares en que viven, aprenden y juegan”. Por su parte, la EPA sí evalúa la exposición de los niños a residuos de pesticida en alimentos comunes y evalúa pesticidas nuevos y existentes para sopesar los riesgos, creando en consecuencia pautas y reglamentos. Pero muchos querrían ver a la EPA resistir mucho más el uso generalizado de pesticidas a través de EEUU.

Hay varias maneras en que las personas pueden minimizar la exposición de pesticidas a sí mismos y a los que aman. Compre alimentos de cultivo biológico siempre que sea posible. Evite rocíos químicos y trampas de insectos dentro y fuera de la casa. Y evite granjas y otros terrenos que son rociados regularmente con pesticidas.

CONTACTOS: PANNA; EPA.